«Asaja Cuenca va a crear en enero una tabla de precios»

J. López
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Entrevista con el secretario general de la organización agraria y ganadera en la provincia

«Asaja Cuenca va a crear en enero una tabla de precios» - Foto: Reyes Martí­nez

La gestión razonable del agua, la nueva reforma de la PAC, la defensa del olivar tradicional o la especulación de precios de los intermediarios que afectan a los productores son, entre otras, cuestiones a abordar en este importante  año para el futuro de la agricultura y la ganadería. Manuel Torrero, secretario general de Asaja Cuenca desde 2009, repasa la actualidad, analiza la situación del campo y apunta varias claves para que el sector primario de la provincia siga siendo uno de los principales ejes de la economía conquense.      
Si tuviera que definir el año agrícola recientemente concluido, ¿qué palabras usaría para calificar  la productividad y el rendimiento de los distintos cultivos?
A nivel de productividad y rentabilidad, el 2019 se puede considerar como un año muy malo. Esto nos tiene que hacer recapacitar porque esta agricultura de nuestra provincia, que suele ser fundamentalmente de secano, está sujeta a lo que ocurra con la meteorología. Nos tiene que hacer plantearnos que el mapa de cultivos necesita agua para mantener algunos de esos cultivos de ahora y para empezar un cambio. Los cereales de secano están sumidos en una profunda crisis desde hace años. Desde 2012 y hasta ahora, la inmensa mayoría de los agricultores están vendiendo por debajo de costes de producción. Eso se puede soportar durante una o dos campañas.  
¿En qué medida está incidiendo el llamado cambio climático en las distintas cosechas?
Nadie puede predecir lo que va a variar la temperatura en 50 años. Lo que está claro es que el régimen de precipitaciones varía, no ya el volumen total pues ciclos de sequía hemos tenido siempre, pero es verdad que hay una modificación de los periodos de sequía aunque llueva lo mismo. Comparando con el resto de Europa, el cambio climático a corto y medio plazo nos va a perjudicar muchísimo y, sin embargo, beneficiará al centro y al norte. Ese cambio permitirá que desaparezcan periodos fríos y entren nuevas tierras en producción. Sus rendimientos crecerían y los nuestros descenderían. Eso nos coloca en una situación de clara desventaja frente al resto de Europa. Eso sí, se habla mucho del cambio climático y no se implementa ninguna medida. No sabemos qué hacer.
¿Cuáles son los retos del campo conquense para este curso recién iniciado? ¿La gestión del agua y la nueva PAC son los más trascendentales?
El tema del agua es fundamental. Como decía antes, tenemos que empezar a pensar que el mapa de cultivos tiene que cambiar, orientarlo hacia cultivos leñosos como la almendra, el pistacho, que se pueden desarrollar muy bien en nuestra provincia. El clima lo permite y con aportes de agua razonables se pueden tener buenas producciones. Tenemos también que trabajar en las cadenas cortas de suministro. ¿Por qué no vamos a recuperar cultivos tan específicos y tradicionales como patata, almortas, o alberjones? Hay que intentar convencer a la gente de que es posible iniciar un camino en las nuevas producciones que tengan valor.
Este año va a ser importantísimo para la PAC y más cuando el presupuesto va a depender de lo que aporte cada Estado miembro dentro de su Producto Interior Bruto a las arcas comunitarias. Los países se cierran en trabajar por encima del 1 o el 1,03% y nosotros estamos pidiendo que lleguen al 1,12% del PIB para compensar la salida del Reino Unido y mantener la intensidad de ayudas por país. Lo afrontamos con incertidumbre, evidentemente, porque no sabemos cómo va a influir el Brexit. Lo que es cierto, retomando lo del cambio climático, es que España necesita una PAC específica. No es lo mismo lo que ocurrirá en Francia que en el arco mediterráneo. Durante este año, en 2021 y 2022, vamos a tener una PAC vieja con presupuesto nuevo. Ahí es donde va a empezar el desarrollo legislativo y la negociación, cuando tengamos un nuevo presupuesto, que va a ser el que marque el camino y el rumbo a partir de esta primavera.  
Ustedes han mostrado su preocupación por la caída del cultivo del girasol. En una de las principales provincias productoras del país, ¿cabe la posibilidad de que el número de hectáreas de cultivo siga cuesta abajo y en picado, o hay soluciones para frenar la importante merma de superficie?
La viabilidad, la constancia y el mantenimiento de la superficie de un cultivo depende de la rentabilidad, y en nuestra provincia se subordina a dos factores fundamentales: precipitación y precio. Si no tenemos un nivel de producción adecuado y los precios van a la baja, se irá dejando paulatinamente superficie de girasol en favor de otros cultivos e incluso de barbechos. Es verdad que en los últimos años el girasol está en números negativos, en pérdidas. 
La Lonja Agropecuaria de Cuenca no opera desde hace un año exactamente –Asaja Cuenca forma parte –, aunque aún no se ha disuelto. ¿Hasta que punto está afectando a los productores la ausencia de una tabla de precios de referencia?
Hemos intentado recuperar esas sesiones de cotización, por la parte productora y la comercializadora,  pero no ha sido posible. El campo conquense, en cuestión de cereales, ha perdido en este año en torno a 3,6 millones de euros porque la referencia de precios ya no es la de Cuenca. Se ha escapado esa cantidad porque alguien pensó que la lonja funcionaba mal y ha conseguido que los agricultores pierdan dinero. 
Asaja Cuenca va a crear una tabla de precios de referencia en enero que será quincenal y con información de mercado, para que la gente tenga referencia de lo que ocurre en otras zonas de España. Contará con análisis de evoluciones, precios de cebada en unos y otros sitios, para que el agricultor tenga una referencia que no sea la lonja de Albacete. 
Asaja Cuenca participó en la manifestación que reclamaba la defensa del olivar tradicional y medidas para corregir los precios bajos. ¿Cuál es la receta para revertir la especulación de precios que realizan los almacenistas, importadores y los comercializadores finales?
Cuenca no es importante en la producción de aceituna ni de aceite, pero es verdad que el olivar donde se desarrolla es una parte importante en la renta de algunas explotaciones. Hay que intentar buscar una solución para este cultivo. La atomización y la dispersión de la superficie impide hacer el olivar más rentable. Este olivar debe estar asociado siempre a figuras de calidad, como puede ser una denominación de origen, porque la producción es pequeña y puede encajar con canales cortos y de calidad de distribución. Tenemos que ponernos a trabajar en una reordenación del sector olivarero en la Alcarria con concentración parcelaria. Si queremos incorporar a un joven con 50 hectáreas de olivar no se puede hacer 300 kilómetros para ver todas las parcelas, tiene que estar en un sitio razonablemente controlado y, además, poner en marcha sistemas de riego.
Por otro lado, en estas producciones agroalimentarias que van directamente al consumo humano, hay un gran responsable que es la distribución. En sus guerras de precios son capaces de llevarse por delante a todo el mundo. Los efectos colaterales de las grandes superficies machacan al final al productor. Se le traslada toda la presión al que compra la materia prima, que termina por comprar en otro sitio. Todos los consumidores quieren consumir productos de aquí, de calidad, pero no están dispuestos a pagarlo. Nos ponen un kilo de lentejas a 1,20 y el canadiense a un euro y nos tiramos al más barato.
En cuanto al sector ganadero, ¿cuáles son las preocupaciones de los productores conquenses?
Para ser concreto hay que diferenciar entre ganadería extensiva e intensiva. La primera tiene muchos problemas de mano de obra y de rentabilidad. Ya nadie quiere ser pastor y vivir en los pueblos y tenemos muchos problemas para fomentarla. La intensiva tiene el problema de la normativa que se circunscribe en torno a la misma, fundamentalmente bienestares animales, que no son específicos de una ganadería sino de todas. Ambas ganaderías tienen otros problemas, los precios, caso de los productores de leche de oveja o de carne de cordero. Es verdad que los ganaderos extensivos tienen más accesos a líneas de ayudas, pero los intensivos carecen de ese tipo de apoyos.
Asaja Cuenca ha defendido en numerosas ocasiones la implantación de nuevas granjas porcinas. ¿Por qué cree que ha causado tanta alarma en las poblaciones donde se pretendía implantar?
Por desconocimiento y desconfianza. La gente ha oído un mensaje negativo sobre este tipo de instalaciones e inversiones. Todo se circunscribe al purín. Se creen que el ganadero no va a cumplir la norma, que está para cumplirla. Hay referencias de plataformas de ecologistas que reconocen que el empleo del purín en agricultura y en suelos de secano es necesario. Creo que el ganadero de Cuenca, por el modelo en el que estamos trabajando, es difícil que reproduzca sistemas de producción  como el de Cataluña o Murcia.
¿Qué opina de las manifestaciones que efectúan plataformas como Pueblos Vivos y su defensa de la ganadería tradicional y extensiva? 
Estas plataformas se cierran en un modelo, mientras nosotros entendemos todos los demás. Cada inversor o empresario optará por uno, pero aquí no hay explotaciones de cerdo en extensivo porque es imposible y solo podemos optar por lo intensivo. Ahora, pensar que el modelo debe ser el de hace 40 años es estar lejos de la realidad y querer engañar. Una familia no puede vivir con 50 cerdos, o ¿es que esos 50 cerdos no huelen? Además, el ganadero no los va a tener a tres kilómetros, sino al lado de su casa. Hay que informar a la gente de lo que se trata. Hoy en día el purín está controlado a nivel de superficie, hay métodos de separación, de gestión, como fertilizante orgánico, sólido y líquido que se puede utilizar para riego. Muchas granjas de gran producción de purín tienen asociadas superficies de regadío de leñosos.
Asaja Cuenca asistió esta semana a Madrid Fusión para apoyar alimentos conquenses como el champiñón, el ajo morado, el queso o la trufa negra. ¿Qué se necesita para que los productos del sector agroalimentario conquense sean reconocidos como se merecen en el mercado?
Precisamente eso, aliarnos con los profesionales de la cocina, que son los que se van a convertir en auténticos altavoces de todos nuestros productos. El sector agroalimentario conquense tiene que dar un paso más, involucrarse en ofrecer un producto final. Hay que establecer sinergias entre todos. No tiene porqué ser la solución del campo, pero sí para muchas familias. 
No hay que olvidar que Cuenca es primera productora en cebada y unas de las principales en girasol, ajo, o champiñón. ¿Qué futuro se prevé? ¿Podemos ser optimistas y esperar que el sector primario siga tirando de la economía conquense?
Todos los cultivos de regadío, con consumo razonable de agua, tienen futuro. No lo veo en los cereales de invierno, ni de secano ni de regadío. Los costes van a superar con creces los ingresos. Quizás sea idealista, pero los agricultores deben empezar a transformar su orientación productiva en explotaciones. Para ello, es evidente, la administración debe ponerse a conseguir agua. Los pueblos necesitan agua para su agricultura y su desarrollo industrial y alguien tiene que solucionarlo. 
¿Ser optimistas? Pues si miro hacia atrás no, pero si miro adelante sí que puedo ser. Al final, vamos a tener que elegir entre abandonar la agricultura y ser importadores de todo, o marcar estrategias de desarrollo a medio plazo para que toda la superficie agraria de este país y esta provincia produzca. Entiendo que tienen que desaparecer ciertas cosas que no sean productivas ni rentables. No se puede obligar a alguien a cultivarlo o subvencionar continuamente lo improductivo, sino más bien convencer al productor de que se tiene que meter en la agricultura productiva. Debemos seguir siendo optimistas, pero nadie ha vuelto a hablar de agua. Se habla de despoblamiento, pero ¿qué hacemos? Hay que ponerse e implementar medidas concretas para parar esta situación. Nadie ha sacado el conejo de la chistera para decir: esta es la solución.