Vidal Maté

Periodista especializado en información agraria


La leche lo tiene negro

19/05/2020

La crisis del corona virus, a efectos del campo español, está afectando de forma negativa fundamentalmente, aunque con diferencias, al conjunto de los subsectores ganaderos con mercados más dependientes de la restauración. A  los problemas ya  conocidos de las explotaciones de ovino, caprino de carne especialmente  en el segmento de los animales jóvenes destinados al sacrificio para el que Agricultura ha dispuesto una ayuda por animal de menos de cuatro meses sacrificado desde el 14 de marzo 30 euros cabeza, o el cerdo ibérico, se ha sumado el conjunto del sector de la leche. Inicialmente el problema se ha centrado en el segmento de las granjas de oveja y de cabra con caídas de precios y recorte de ventas por las industrias queseras. Pero los efectos indirectos negativos se verán también en el vacuno de leche ante la situación existente en el conjunto de los países comunitarios y el papel de  España como vertedero habitual de leche y quesos.
La crisis en el sector de la leche viene determinada por varias causas que se  resumen en una: sobra materia prima.
Desde la perspectiva de la producción, la pandemia  ha coincidido con el período de la primavera o meses donde se registra un incremento de la producción en todo el sector en el conjunto de la Unión Europea  donde en el pasado año la oferta ascendía a 169 millones de toneladas. La UE es el primer operador del mundo en el mercado de los productos lácteos con más de tres millones de toneladas de las que más de un millón corresponden a leche en polvo. Tradicionalmente  esa producción tenía a China como uno de los principales destinatarios y esa corriente se mantenía en los últimos meses. Sin embargo, esas posibilidades se han ido reduciendo más por las dificultades para operar en los puertos, problemas de logística que por ausencia de demanda por las autoridades chinas. A la pérdida momentánea de ese mercado se han sumado las menores compras de los países árabes productores de petróleo donde los gobiernos, con esos fondos  adquirían grandes cantidades para su población. Ha sido un efecto indirecto provocada su vez por la caída de las cotizaciones del petróleo.
Junto a estas dificultades para mantener la exportación  tradicional,  se han sumado las medidas decretadas por varios países para limitar o cerrar la actividad de la restauración donde, además de la leche, se consumía especialmente una oferta muy diferenciada de quesos de calidad de cabra, oveja o de mezcla con vaca. Ha bajado la demanda, pero, además, en países como Francia importante productor, cayó también ante la decisión de miles de pequeñas queserías artesanales de paralizar su actividad por temor al contagio del virus de los trabajadores. En consecuencia, menos compra de leche, menos oferta y más problemas de excedentes de leche.
El aumento de la producción y las menores salidas en la exportación, sobre todo en los países al norte de los Pirineos, ha provocado la búsqueda de otros mercados para la leche y los quesos en las propias fronteras de la Unión Europa. En esa estrategia se halla  la venta en España de parte de ese sobrante a precios que al menos permitan a sus ganaderos cubrir una parte de los costes de producción.
En ese contexto se hallan las entradas cada día de más cisternas de leche especialmente francesa a unos precios de 0,18  euros litro y a precios inferiores en  destino.  
No es la primera vez que  esto sucede siendo una situación que se repite periódicamente  desde el ingreso de España en la Unión Europea en 1986 ante las diferentes estructuras y la capacidad de producción de los sectores en cada uno de los países. España, sometida hasta 2015 a  un sistema de cuotas que le impidió aumentar sus  producciones más allá de los 6,5 millones de toneladas frente a una demanda global de casi 10 millones ha tenido y mantiene una importante dependencia de las  importaciones, en su mayor parte, procedentes de otros países comunitarios y, especialmente de leche francesa y de queso holandés, francés y alemán.
Lo que  sería un problema grave en cualquier momento de la campaña para el sector de la leche de vaca, en estas fechas agrava más la situación al coincidir con el periodo de negociaciones  de los ganaderos con sus respectivas industrias para renovar sus contratos para  los próximos doce meses. Con entradas a 0,18 euros en este momento y los meses que quedan por delante, los ganaderos pierden capacidad de negociar mejores precios, lo que no debería ser una razón si la industria mirara más al largo que al corto plazo. Al tratarse de un producto perecedero, la realidad es que la capacidad de los ganaderos para presionar a las industrias y forzar  subidas de precios para 2020 es muy limitada.
En lo que respecta a las explotaciones de leche de oveja y de cabra, se suman crisis sobre crisis y, a los problemas por el cierre de la restauración en España se añaden los del sector en otros países como Italia donde se colocaban producciones españolas  especialmente en el segmento de las pizzas.
Los quesos de calidad de leche de vaca y de cabra además de por el cierre de la restauración, se han visto afectados por la supresión de los mercadillos locales o regionales donde ésta oferta ha tenido tradicionalmente un elevado volumen de ventas. Finalmente, el sector de miles de pequeñas y medianas queserías se ha visto afectado por la eliminación del turismo interior especialmente elevado en estas fechas.
En estas circunstancias, caída de la demanda exterior e interior, las  industrias han limitado compras y, en algunos casos, se han registrado bajadas de precios al margen de  los precios de coste.
La realidad es que, mientras estemos hablando de productos con una fecha de  caducidad, mientras la producción no tenga una capacidad de almacenamiento casi infinita, mientras esas mismas explotaciones no tengan una capacidad suficiente de  financiación externa o con recursos propios, mientras no haya un equilibrio en las posiciones negociadoras de las partes, lo de los precios mínimos no por debajo de costes de producción en este eslabón de la cadena, no pasan de ser una entelequia. Su existencia en el BOE no deje de ser un dato positivo, pero falta tiempo  para que poco a poco vaya calando en las relaciones contractuales del sector y más si funcionan medios de seguimiento y control.



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