CRÓNICA POLÍTICA

Charo Zarzalejos

Periodista


Podemos y su identidad

Hace una semana escribí que Pablo Iglesias era de Podemos pero no lo parecía. Hasta ese momento, así era. Ni una palabra más alta que otra, tono sosegado y disposición absoluta a que el Gobierno de coalición sea un Gobierno fuerte y unido. Esta disposición la mantiene, lo contrario será constatar un gran fracaso.

A nadie se le escapa que Iglesias y demás miembros de Podemos están haciendo la transición de la calle a las instituciones. De aquí 15-M y el asalto a los cielos no queda nada. Ahora, incluso, el vicepresidente aplaude al Jefe del Estado, consciente de su papel institucional. El tránsito no debe ser fácil y se asume que hay que navegar entre algunas contradicciones. Solo entre algunas.

En las ultimas horas, el Gobierno de coalición ha tenido dos encontronazos que, al parecer, se han resuelto con más diplomacia que convicción. Inmigración y la ley de libertad sexual que entra de lleno en el Código Penal, han sido dos asuntos en los que Podemos no ha podido callar y se ha notado que no se puede callar.

En todos los Gobiernos de coalición se producen choques y desavenencias, de ahí que no deba sorprender que esto haya ocurrido en el seno del actual Ejecutivo en el que por mucho abrazo que se den, está formado por dos partidos de culturas bien distintas.

Podemos sabe que tendrá que tragar con asuntos que no son de su gusto y que si estuviera en la Oposición hubiera puesto el grito en el cielo. Ha tragado con la designación de Dolores Delgado como Fiscal General del Estado y algunas otras cosas que le generan contracción pero no atentan de manera directa a su ADN ideológico. Feminismo e inmigración, sí.

Este Gobierno tiene vocación de perdurar en el tiempo, pero Podemos, en minoría en el Consejo de Ministros, sabe que tiene una base social extremadamente vigilante y en la que no hay unanimidad sobre la entrada en el Gobierno. Por ello necesita, en algunos asuntos sensibles para ellos, marcar territorio, hacer ver a los suyos que no están absolutamente subordinados a la mayoría socialista. Necesitan, en fin, hacer ver que ellos no son el PSOE y que si han dado el paso es para que se les note que están. Podemos, además de gestionar las escasas parcelas de gestión que tiene, ha entrado en el Gobierno para hacer política y para ello no puede permitirse el lujo de que su ADN ideológico se vea difuminado y ese territorio lo van a defender aunque sea en privado.

Es verdad que el Gobierno de Sánchez depende de ERC pero Sánchez, a su vez, depende de Pablo Iglesias. El primero, el Presidente, tiene alta dosis de astucia pero su Vicepresidente no es tonto y además quiere que se sepa.



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