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Juan Bravo

BAJO EL VOLCÁN

Juan Bravo


Escándalo en en Parlamento catalán

24/01/2022

Durante mi larga etapa universitaria, más de una vez pensé, visto lo visto, que,  en determinados casos, más hubiera valido que algunos profesores cobraran sin hacer nada, porque de ese modo, al menos, no hacían daño ni originaban estragos entre los alumnos. Y, si no estoy equivocado, en todas partes se cuecen habas de esa clase. Es uno de los males del funcionariado..
Ahora bien, mucho me temo que lo sacado a la luz estos últimos días en el Parlamento Catalán no vaya precisamente en esa dirección, sino en la de los habituales despilfarros que se vienen detectando desde los tiempos del 'Honorable' Pujol, envueltos en silencio por los sucesivos gobiernos de Madrid, de resultas de unos pactos canallescos que han llevado la política española a límites impensables.
Decir que ex secretarios generales, ujieres, telefonistas y auxiliares del Parlamento vienen cobrando sueldos estratosféricos por no ir a trabajar, suena a indecencia morrocotuda; pero, bien visto, es una fórmula interesante con miras a tener personal 'al servicio de la algarada'; apóstoles de la revuelta y gente que lo mismo te sirve para un roto como para un descosido; justo lo mismo que vemos en determinados regímenes bolivarianos, en los que el portero o la portera adquieren de súbito un papel trascendental como 'chivatos' y delatores, y acaban dando la vida por la revolución, por lo que les va en el envite.
Comprobar la degeneración de una tierra noble, laboriosa y progresista, con su 'seni' incluido, como lo fue Cataluña, desde que una banda de 'patriotas' oportunistas y mediocres, movidos por oscuras pasiones inculcadas a menudo desde la cuna o la escuela, intoxica al estilo nazi con un discurso sobre la supuesta autodeterminación, resulta francamente canallesco, y más aún tapar toda clase de felonías y atropellos con banderas e himnos, en virtud de la confianza que te puede dar el hecho de sentir que gozas de la protección de ese 'mal necesario' que es el Gobierno de Madrid.
El día que –ojalá podamos verlo pronto – se aireen las covachuelas de la Generalitat y se sacudan las alfombras, no nos quepa la mayor duda que van a salir culebras y roedores en cantidades industriales. Y es que no se trata ya de los cerca de dos millones despilfarrados al año para pagar a estos truhanes (por más que algunos se lleven diez mil euros al mes), sino del dineral empleado para permitir que los grandes capos de la Generalidad vivan como maharajás, merced a la ley que promulgó el Gran Evasor impune, Jordi Pujol, cinco meses antes de retirarse. De ese modo, el dorado retiro de Artur Mas le cuesta al Estado 578.000 euros al año, que, multiplicado por los años que lleva jubilado, nos da…, una pensión digna de un magnate. Y eso por no hablar de la mansión de 500 metros cuadrados del prófugo de Waterloo (4.400 euros al mes). O de los millones de los hijos de Pujol.
Y resulta que era España la que robaba a los honestos catalanes. Aquí lo que cada vez se aprecia con más nitidez es el expolio que una banda de desalmados, cuyos máximos exponentes estaban a buen recaudo, viene sometiendo al Estado, al tiempo que depaupera a una región que fue la envidia del mundo y por la que todos los españoles – de los que ellos abominan– echamos el resto para que tuvieran  su olimpiada en 1992, ya que, por tener, no tenían ni un premio Nobel que echarse a la boca. 'Milagro, no, industria', decía el astuto Basilio en las bodas de Camacho. Y, del mismo modo, cabe hoy decir, 'Independencia y autodeterminación, no; latrocinios a manos llenas, como los dirigentes nazis'. Basta, pues, de avalar a semejante chusma, y pido disculpas por el tono del artículo, pero es que ya está bien de mentiras y de hurtos que terminarán dejando en mantillas al duque de Lerma, valido de Felipe III, que, como saben ustedes, 'para no morir ahorcado se vistió de colorado'.