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Antonio Herraiz

DESDE EL ALTO TAJO

Antonio Herraiz


Pésames y condolencias

03/12/2021

No termino de ver a Almudena Grandes recibiendo con agrado el pésame de unos fascistas. No hubiera estado demasiado cómoda viendo cómo esas alimañas de la derecha, integrantes de partidos con ideologías odiosas, se fijaban en ella para desearla una vida placentera en el más allá. Ignorantes y bestias pardas, de un pensamiento cavernícola, deteniéndose en una escritora tan progresista y sin ningún tipo de odio ni rencor, dos palabras que no están ni en el pensamiento ni en el corazón de la izquierda. Almudena Grandes lo dejó claro en febrero de 2019 en un artículo publicado en El País: «Desde el franquismo irredento hasta los skins racistas, hacía décadas que no asistíamos a un desfile tan espeluznante de todas las familias del fascismo español». Decenas de miles de fachas protestando en la plaza de Colón, clamando por la unidad de España y renegando de las negociaciones de Sánchez con los separatistas. Y allí estaban PP, Ciudadanos y Vox, representando a más de 11 millones de españoles que les habían votado en las elecciones generales. Todos fachas.
Una vez fallecida Almudena Grandes, ha surgido una portavocía a la que nadie, ni siquiera la familia de la autora, ha pedido opinión. Les parece deleznable, ruin e inmoral que todos esos fascistas, odiosos y odiadores, no hayan tenido a bien mostrar sus condolencias por el fallecimiento de una escritora, que, como todos los grandes autores a lo largo de su carrera, tuvo sus seguidores y sus críticos literarios, sus defensores más apasionados y los que, directamente, ignoraron su obra, que, para cualquier creador, es el más furibundo de los desprecios. Al momento de partir Almudena Grandes muy joven -porque dejar esta vida a los 61 años es demasiado pronto-, surgió un movimiento nada espontáneo que se preocupó mucho más de quién y cómo la despedían que de su propia muerte. Una competición bien acompasada para colocarse el primero en afear a los fascistas que hoy gobiernan la Comunidad y el Ayuntamiento de Madrid que no tuvieran a bien recordar como ellos quisieran que se recordara a la que había sido una de sus guías ideológicas durante estos últimos años, aunque no hubieran leído ni un libro ni un artículo suyo. La carrera llegó a tal punto que uno de los argumentos fue que en los perfiles oficiales que estas instituciones tienen en las redes sociales no habían podido leer ni una breve reseña dedicada a Almudena. Ese es el nuevo baremo, los pésames por Twitter, Facebook o Instagram. ¿Alguien se puede parar a pensar la reacción que hubiera provocado una condolencia de Isabel Díaz Ayuso en cualquiera de estas plazas públicas ávidas del escarnio? Tampoco creo que a la escritora fallecida le hubiera reconfortado especialmente un recuerdo en estos foros, mucho menos viniendo de todos esos a los que los portavoces no autorizados ahora se lo reclaman.
Almudena Grandes ha recibido el homenaje de todos los que a ella no le habrían supuesto ningún tipo de inconveniente, desde el presidente del Gobierno – «despedimos a una mujer claramente comprometida con la palabra, con nuestra memoria colectiva y con su país porque desde su dimensión y aportación intelectual ha hecho a nuestro país un país mejor», hasta el líder de Bildu, Arnaldo Otegui: «Escritora brillante y mujer comprometida. Un abrazo a su familia y amigas. Eskerrik asko por tu literatura, por tu compromiso y por tu solidaridad». Lo demás es el viejo ejercicio de dar carnets de buenos y malos, de fascistas y de labrados progresistas buscadores de la libertad. Todo esto reconvertido ahora en cómo, cuándo y a quién hay que dar el pésame. Por cierto, ha muerto César Palacios, pintor madrileño, icono de Las Ventas. Pónganse a buscar condolencias.