Ritmo y 'saudade'

J. Monreal
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Ritmo y 'saudade' - Foto: Reyes MartÁ­nez

Walter Chantre Bettencourt

Dejó la calidez de sus islas natales (Cabo Verde), buscando un futuro mejor en Portugal. Desde el país vecino dio el salto a España y recaló en Cuenca. Largo periplo de búsqueda de sí mismo.

La música es su vocación y forma parte de su ser «desde siempre, porque en mi familia hay músicos profesionales y, en cierto modo, yo fui el rebelde al no seguir el camino de las notas y pentagramas y dedicarme a la ingeniería informática», dice el músico-informático.

Acabados sus estudios de ingeniería, Walter aprovechaba los ratos libres para desgranar notas en su guitarra y dar rienda suelta a la vocación innata, tanto tiempo olvidada y siempre latente.

«Empecé casi en broma, por diversión, y poco a poco me fui sintiendo mejor con lo que hacía, aprovechando los ritmos de mi pañís de origen y mezclando un poco de todo. Mi música es fusión, es sentimiento, es añoranza», señala Walter, quien cuenta en su haber con centenares de actuaciones «desde Portugal, donde formé parte de un grupo llamado Acordes, con el que recorrimos diversos locales y pequeños escenarios. Más tarde, ay en Cuenca, seguí tocando en solitario en pubs y salas de música, siempre en contacto directo con el público».

Voz y guitarra.

A pesar de que le gusta andar por libre, Walter ha sabido rodearse de músicos y formar grupos con los que llevar su música allá donde los llamen. Heritage es su formación actual, con la que ofrecerá una actuación en el Parador de Cuenca, a principios de julio dentro del programa Estival Cuenca.

«Estamos en plena preparación del espectáculo, basado en versiones de otros cantantes. De momento no tocamos las nuestras, aunque hay algunas compuestas que algún día daremos a conocer», dice Walter.

Los diferentes estilos musicales hacen que Walter tome un poco de cada uno de ellos, y los haga propios. Ritmos cálidos de su tierra natal, mezclados con el sentimiento y la nostalgia (saudade) de su paso y estancia por tierras de Lusitania.

Morna y fado se dan la mano en la voz y la guitarra de Walter. Sentimiento y añoranza que va más allá de la simple interpretación musical para deleite de los públicos que acuden a ver actuar al grupo.

A caballo entre Cuenca y Madrid, Walter sigue manteniéndose en el camino de la música sin decidirse a dejar su profesión de ingeniero informático.

«El mundo de la música es más complicado de lo que parece, y para vivir de él hace falta que se junten muchos elementos. Uno de los principales es la suerte de que alguien te escuche y te ofrezca la gran oportunidad, pero eso es algo que no es fácil conseguir. De modo que sigo desempeñando mi trabajo y dedicándome en mi tiempo libre a la música, a mi vocación. En alguna ocasión he pensado en la posibilidad de dejar una cosa y dedicarme por entero a la otra, como hacen algunos miembros de mi familia. De momento estoy a gusto con lo que hago y no me atrevo a dar el salto a la música».

Entre acordes de nostalgia y rock, Walter recorre el camino de ida y vuelta casi a diario entre la gran urbe que todo lo absorbe y la pequeña ciudad en la que eligió vivir.

Así, día a día, el músico-informático sueña con melodías que le recuerdan su tierra natal. Tal vez, al observar el paisaje, escribe en un papel las notas sueltas que algún día se convertirán en canción, o quedarán en el cajón donde reina el olvido.

Música, siempre música.

Entre notas y teclados de ordenador, Walter sigue fiel a sí mismo, soñando despierto, sin dejar que la ilusión empañe la realidad.

Lejos quedaron los recuerdos del viento del mar, de la brisa cálida de su Cabo Verde natal. Un lugar lejano y cercano a la vez, porque aunque no vuelva con frecuencia, nunca dejará de sentir su música.