CARTA DEL DIRECTOR

Francisco Javier Martínez


Asumir responsabilidades

Sigo con atención los avatares que se suceden en el caso del plagio de la campaña turística Cuenca, ven y respira, presentada a bombo y platillo en el pasado Fitur en Madrid. Desde que se conoció el plagio -la localidad valenciana de Gátova ya utilizó el mismo lema en 2017-, se suceden las noticias, más si cabe, desde que se introdujo en el debate político. Sin embargo, nadie asume la responsabilidad política que un error garrafal como éste debe tener. 
Cuando se descubrió el plagio, el Ayuntamiento aseguró que la empresa encargada de la campaña no cobraría, ¡faltaría más! Pero el Consistorio ahora tiene que encargar el diseño de otra campaña, además de intentar restituir el daño causado a la imagen de una ciudad Patrimonio de la Humanidad como ésta. ¿Quién asume esos daños colaterales? De momento, nadie. Eso sí, los partidos políticos ya empiezan a lanzarse acusaciones, pero, como todos los bandos hicieron lo mismo, se convierte en un conflicto de besugos más estéril que útil.
En cualquier sociedad democrática madura, el responsable ya estaría a estas alturas en su casa y por asumir ese error, no hay que criminalizar a nadie. Simplemente, los hechos demostraron que la persona o las personas que están detrás de este plagio no están a la altura de las circunstancias.
Pero este caso de la campaña turística Cuenca, ven y respira es uno más de los que observamos en el día a día de una sociedad que valora más las apariencias que el trabajo y el esfuerzo. Somos un país de pícaros desde hace siglos y ahora se está poniendo de relieve más que nunca y en todos los estamentos de la sociedad. Dicen que el talento de los jóvenes emigra a Europa y América y es un hecho, pero buena culpa de ello la tenemos todos, como país, porque preferimos perpetuar las estructuras heredadas que dar paso a las nuevas generaciones, más preparadas que sus antecesores.
Y de vuelta con el plagio turístico, a partir de ahora el Ayuntamiento tendrá que ir con pies de plomo a la hora de adjudicar sus campañas de imagen visto lo visto, porque en esos contratos no está en juego sólo el prestigio del equipo de Gobierno de turno, sino la imagen de la ciudad y de sus habitantes y no hay que recordar que Cuenca vive, en buena parte, del turismo, por lo que tiene la obligación de buscar la excelencia en la proyección de su imagen hacia destinatarios a los que hay que captar y no conformarnos con plagios burdos que, al final, y vistos los acontecimientos, lo único que consiguen es emborronar el buen nombre de Cuenca.