Sueño y realidad

J. Monreal
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Sueño y realidad - Foto: Reyes MartÁ­nez

María Utrilla Julve

María tiene la mirada azul. De un azul que recuerda al mar del puerto en el que nació y vivió sus primeros años.

Su pasión por escribir arranca siendo niña «en el colegio, y aún antes, porque desde que recuerdo escribía cuentos para un público muy especial: mis muñecas. Unas espectadoras de excepción, que nunca me dieron su opinión por más que les preguntaba», dice sonriendo María, quien años mas tarde empezó a tomar conciencia de su capacidad para escribir, para poner negro sobre blanco, experiencias, vivencias, anhelos y pasiones.

Intentó graduarse en Periodismo, pero pronto dejó aparcados los estudios y comenzó a interesarse por el arte y las humanidades «que en este caso sí logré la graduación y más tarde el máster en Arte Contemporáneo y Cultura Visual», dice María, quien siente mayor atracción por el medio adiovisual que por las pinturas y esculturas.

Inquietud constante.

Poco a poco, los garabatos infantiles fueron dejando paso a relatos más largos y mejor construidos, afianzando así su vocación literaria «acompañada de mucha lectura, de todo tipo y género, porque creo que es fundamental para escribir, haber leído antes todo lo que caiga en tus manos», dice convencida la joven escritora.

Siete años han pasado desde que María publicara su primer libro, The Heaven, y lo hizo sin demasiada convicción «como algo de andar por casa, algo para mí, aunque en el fondo todos escribimos para que nos lean otros, por más que digamos que es algo íntimo», comenta María, quien animada por el resultado conseguido en su primer intento, inició su segunda obra, Bajemos la luz y otros relatos nocturnos, «estructurado en forma de relatos más largos, independientes uno de otro con algún punto en común pero sin unidad temática. El segundo creo que fue el que me impulsó a seguir en este camino y acometer el tercero que acaba de salir hace un mes y del que espero tenga aceptación aunque siempre es difícil abrirse camino en este mundillo de las letras donde abundan los buenos escritores jóvenes y los grandes monstruos ya consagrados que cuentan con el apoyo y la promoción de las grandes editoriales».

María es consciente de las limitaciones y de la barrera que supone publicar en pequeñas editoriales «donde la promoción y publicidad tienes que hacerla tú misma. Al fin y al cabo, el libro es un producto y estás obligado a vender porque de lo contrario no sirve de nada que seas bueno o mal escritor. El mercado es el que manda. Un libro puede enganchar, y todos tratamos de que en las primeras páginas el lector se sienta a gusto y quiera seguir leyendo. Si no lo consigues, mejor que pases a otra cosa porque no va a funcionar».

María confía en sí misma y en que su obra llegará a los lectores. Con su última entrega, Cosas de chiquillos, María abre un nuevo camino en el complejo mundo literario, convencida de que «a la tercera va la vencida, y que éste es el libro que me abrirá mas puertas. Es duro, pero no dejo de confiar en lo que hago y espero que el lector valore el esfuerzo que todo creador hace al poner los cinco sentidos en una obra, bien literaria o de cualquier otro tipo», señala María, quien a parte de publicitar su obra en las redes, no descarta probar fortuna en los grandes certámenes literarios «donde la competencia es brutal, pero en otros hay más facilidades sin ser los de mayor renombre. De momento hay que ir poco a poco, probando y tomando confianza, aprendiendo de todo, incluso de los fracasos. Lo importante es no dejar de creer en lo que uno hace, sentirse a gusto y no quedarse sólo en el intento».

El tercero ya está en la calle, y María piensa ya en un cuarto. «Los cuentos a las muñecas son cosas del pasado. Vivo el presente y me apasiona el futuro», dijo.