Jesús Lozano Fuentes

J. Monreal
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Jesús Lozano Fuentes - Foto: Reyes MartÁ­nez

Pintor y filósofo

Definir a Jesús resulta complicado porque no se deja encasillar bajo ningún epígrafe de los que normalmente manejamos. No sé si es un pintor que filosofa, un filósofo que pinta o ambas cosas.

Pintar es su pasión y presume de ello. Nunca asistió a clases ni academias. Pinta porque le apetece, sin ajustarse a modas ni cánones establecidos. Autodidacta y libre; sin más.

Se siente a gusto cuando maneja el acrílico y con cualquier otro material que sirva para pintar. «El caso es poderte expresar, no importa con qué tipo de material o técnica», dice Jesús, quien anda enfrascado en una nueva aventura artística «aunque cada día es una aventura. Así viene siendo en los últimos 25 años que llevo pintando», asegura Lozano.

Coleccionista de experiencias y sensaciones, Jesús observa todo cuanto sucede a su alrededor, «y de ahí surge la idea que luego plasmo en el papel o juego con ese mismo papel como sucede con los collages que llevo haciendo en los últimos tiempos. Empecé utilizando mucho papel y poco a poco he ido evolucionando, hasta llegar a usar casi más pintura que otros materiales. Es una manera de abrirme, de experimentar y crear un estilo propio que es en realidad lo que todo artista busca».

Aunque tiene material de sobra para montar varias exposiciones, Jesús no se prodiga mucho en este aspecto, «tal vez porque nadie es profeta en su tierra. He expuesto en varias ocasiones en galerías locales, pero tengo más aceptación fuera de Cuenca que, aun siendo una ciudad de artistas, estamos viviendo un momento bajo y recordando el pasado de lo que en su momento fue la presencia de los grandes artistas que recalaron en la ciudad y que tanto aportaron al desarrollo cultural».

Jesús mira al presente y aprovecha cada instante para seguir avanzando, creciendo como artista, «desde la independencia, la libertad absoluta a la hora de crear; sin más límites que mi propia imaginación», señala el pintor-filósofo, quien en estos momentos tiene expuesta su obra en Barcelona.

«Ha sido un atrevimiento, pero calculado y medido. Expongo en una sala barcelonesa y abordo temas de total actualidad como es el de la independencia. No es un alegato hacia ninguna de las opciones. Es una exposición que se inspira en el crecimiento del ser humano, en los contrastes, en el aprendizaje y la dualidad. El arte no debe estar al servicio de nada ni de nadie, debe mantenerse neutral».

Superado el reto de mostrar al público sus trabajos, Jesús vuelve a encerrarse en su cuarto, a salvo de miradas y opiniones. Vuelve a crear, a pintar, a reinterpretar e inventarse de nuevo formas y colores, mensajes y preocupaciones. Crear estilo.

Leer, pintar, expresar. Tres elementos con los que Jesús juega cada día. Tres pilares básicos con los que compone un mundo fantástico de ironía y mensajes (algunos ocultos), que le hacen seguir transitando el camino de la utopía. Soñar, pintar.

Entres sueño y realidad, Lozano sigue persiguiendo un ideal: llegar al mayor número de públicos posibles, «porque el arte no tiene barreras ni edades ni creencias. El arte son sensaciones momentáneas, es disfrutar con lo que tienes delante sin pararte a pensar en la trascendencia ni en el mensaje. Pintar no es ni más ni menos que expresarte en absoluta libertad, sin temor al qué dirán de tus obras».

Mide el tiempo sin reloj y calcula sus próximas obras sin prisa y sin medida. Se inspira en todo y en todos, pero no se compromete con ninguna idea. «Todas son válidas, aunque no coincidan con los que tu piensas o sientes», dice Jesús Lozano.

Pintar y filosofar. Pensar y llevar al lienzo o a la pared sentimientos y vivencias. Compartir sin dale más vueltas. Así de simple. Jesús es un negociador entre lo que ves y lo que no ves.