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Jesús Fuero

TERCERA SALIDA

Jesús Fuero


El apocalipsis

10/10/2022

Démonos por jodidos, que se oye tronar cada vez más cerca. Y yo barrunto que las esperadas lluvias tardaran mucho en llenar pantanos ¡si es que llegan! Estamos en época de vaticinios, y yo vaticino que los vaticinios de las elecciones que vienen son tocinos rancios, añejos, incomibles. Yo vaticino que el tocino de las promesas ya esta caducado, que en Cuenca ná de lo prometido se ha cumplido. Por poner algún ejemplo: seguimos sin ascensores ni escaleras mecánicas al casco antiguo. De lo del Serranía y lo que iba a ser maravilloso «bosque de acero» solo hay óxido y silicona que se desprende cual estalagmita que pronto se convertirá en pétrea agonía. Se acordará alguien del terreno de los trenes junto a la estación, hoy muladar por el que deja de pasar el tren, y no hay ningún proyecto prometido que haya salido adelante, ni bulevar, ni centro de empresas ni na que no sean maderas podridas y railes cada vez con más óxido. En otras similares de Castilla se gastan decenas de millones, pero aquí alguna miaja, algún mojón. El retraso del hospital, en el que se trabaja, pero que no funciona, que, aunque se acabe, luego hay que llenarlo de trabajadores que no están ni se les espera, que si hay carencias en nuestra pequeña residencia que carencias más no habrá en el que se esta gestando, ¡quizá dentro de treinta años se independice del viejo hospital al paso que va! Y diría más, pero se me encoge el estómago de rabia. Pero quiero decir más de una ciudad que va a menos, en la que ya casi no quedan empresas que tengan unas decenas de trabajadores, que lo de cientos o miles suena en Cuenca a ciencia ficción, que en el Sepes ansiado no han llegado. Que algunos de nuestros mejores empresarios han emigrado en busca de un futuro que ven que Cuenca no tiene, porque se sigue ninguneando en el ámbito en el que otras ciudades han sido engrandecidas. Si alguna hay en los pueblos de alrededor poca ayuda ha tenido. La solidaridad es mentira en la administración, una más.
Mucho dinero en la tubería manchega, mucho en un aeropuerto, mucho en autovías que a Cuenca no llegan, mucho en cosas que a Cuenca le quitan, pero no le dan, pongamos que hablo del agua. Llegara algún milloncito, no lo dudo, algunas perricas para acabar algo, como se hizo con los juzgados. Llegara capital privado, eso dicen que pasará en Bascuñana (ya veremos), pero lo cierto es que realmente de enjundia a Cuenca no llega nada, si acaso se va o se lo llevan, como pasó con la caja y sus trabajadores, o los tan nombrados estudios superiores de música. Pequeñas cosas llegan a cuenta gotas. Y ahora toca hablar de gastronomía, todo sea por tener algo que decir, como se dijo de la autovía a Teruel o Albacete. Milagro lo de prisiones.
Eso sí, en Cuenca estamos tan protegidos que la gente tiene que emigrar, y la única especie a proteger es de genero humano, esa que va desapareciendo del medio rural por falta de oportunidades, seguridad, y sobre todo de servicios que, aunque se diga que se va a hacer mucho, poco llega y cada vez somos menos y más desprotegidos. No es de extrañar que, en algunos pueblos, como en la película, se oiga decir: ¡Que llega el apocalipsis! Pues el fin de sus días en muchos pueblos está llegando: unos se mueren y otros se van. Solo proliferan en nuestra tierra los bichos, de toda especie y género, hasta tonto.