CARTA DEL DIRECTOR

Francisco Javier Martínez


De periodistas y sanitarios

26/03/2020

Cuando la segunda semana  de confinamiento encara su recta final y la moral comienza a decaer entre el personal, pero no podemos caer en la depresión y en el desánimo. Ahora más que nunca tenemos que estar fuertes y unidos, aunque no nos podamos ver con los vecinos más que a las ocho de la tarde de cada día o con los seres queridos a través de una videoconferencia.
Algunos nos vemos obligados a salir para mantener informada a la sociedad, porque en estos momentos de zozobra la información es un arma muy potente y, como una navaja cabritera, con doble filo. En uno está la información propiamente dicha que arroja luz sobre la situación que atravesamos y en el otro se encuentra la concienciación, que es imprescindible para combatir la pandemia. Enfrente, los periodistas tenemos múltiples trabas: ruedas de prensa de fuentes oficiales con preguntas lanzadas una hora antes y sin posibilidad de repregunta y datos desfasados durante días, por poner sólo dos ejemplos. Nos anuncian que por delante tenemos días muy duros, donde las cifras, tanto de infectados como de fallecidos, se dispararán, pero hay que mantener la tranquilidad, tenemos a un personal sanitario que se está dejando la piel, literalmente, para combatir el coronavirus, a pesar de que los medios de protección personal no lleguen o sean insuficientes después de 15 días de lucha denodada contra el virus. Los mercados internacionales se convirtieron en un mercado persa, dicen nuestras autoridades, pero el material llega a cuentagotas. Ellos son la primera barrera contra la pandemia e intentan combatir con las mismas armas que David ante Goliat, mientras entre el ministerio y las comunidades autónomas deciden si son galgos o podencos. Una de las conclusiones de esta crisis es que la Sanidad no puede estar descentralizada, porque el desbarajuste es tal que los resultados los tenemos bien visibles estos días.
Los sanitarios son ahora nuestros ángeles de la guarda y, como tales, tenemos el deber moral de preservar su salud. Si ellos caen, caemos todos. Por eso, debemos todos mantener nuestra cita diaria en los balcones para demostrarles que no están solos. Sobre las caceroladas organizadas en días pasados contra nuestro rey o nuestros políticos ya habrá tiempo de depurar responsabilidades, pero ahora la prioridad absoluta es parar esta pandemia, que ya se llevó demasiadas vidas por delante. Tenemos que salir de ésta juntos y todos. Mucho ánimo.



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