scorecardresearch
Carmen Tomás

LA COLUMNA

Carmen Tomás

Escritora y periodista en información económica


Von der Leyen se ha hecho de Podemos

18/09/2022

La Unión Europea lleva muchos años dando palos de ciego en política energética. Se puede discutir si ha sido por intereses espúreos, ideología o estupidez. Lo que sí ha dejado claro la invasión de Ucrania por Rusia es el espectacular ridículo que los gobiernos, con el europeo a la cabeza, están haciendo desde hace años, pero por encima de todo en estos meses. Todo los que nos han venido diciendo sobre las maldades de las energías fósiles y nuclear frente a las bondades de las renovables ha saltado por los aires. Sabemos ya que por desidia, mala gestión o alguna cosa peor que no nombraré nos han embarcado en un camino de difícil explicación, de empobrecimiento generalizado y de falta de rigor.

Por distintos motivos, la dependencia energética europea de un sátrapa como Putin, les ha pillado a nuestros gobernantes en cueros y aunque sea o no creíble, la realidad es que nos vendieron una agenda para el futuro que ha caído hecho añicos. No nos pedirán perdón, pero sí deberían dejar de tomarnos por tontos. Ahora desde la presidencia de la UE se proponen medidas que más bien parecen la agenda de un partido radical de izquierdas. Exceptuando la tomadura de pelo de que ahora el gas y la nuclear pueden ser consideradas energías verdes, se buscan fórmulas para paliar el desabastecimiento a corto y medio plazo. Primero se ha dejado a los distintos países de la Unión que se buscarán la vida y ahí está el ejemplo de Alemania que lleva quemando carbón salvajemente desde hace más de un año. Otros han decidido o bien construir más centrales nucleares o parar su calendario de cierres de las que tienen en marcha. Muchos buscan desesperadamente nuevos suministradores de gas. No parece que haya una política común, como ya ocurriera con la pandemia del Covid, exceptuando la compra conjunta de vacunas. Sí parece que se quiere extender la excepción ibérica a toda la Unión Europea, a pesar de que ya todos sabemos quién está pagando el gap entre el precio del gas en el mercado mayorista y el que pagamos en nuestras facturas. Lo estamos pagando los consumidores y lo seguiremos pagando mientras las opciones buscadas pasen por intervenir hasta la náusea el mercado y se pretenda exprimir en nada menos que 140.000 millones a las empresas del sector.

En Europa como en España, los políticos han llegado a la conclusión de que las energéticas se están forrando a costa de empresas y familias y que los gobiernos que lo están haciendo en igual o mayor medida no deberían trasladar a su economía ayudas de esas recaudaciones extra que están consiguiendo por la vía de la subida de los precios. Eso no. Como en España, se demoniza y exprime a las empresas, se engaña a familias y empresas, pero no se buscan soluciones que a corto, medio y largo plazo mitiguen los perversos efectos de una inflación que en agosto en la zona euro se situó en el 9,1% y en el 10,5% en España y que está arruinando los negocios con el efecto que tendrá en la inversión y el empleo.

Intervenir, expoliar y fijar precios son las fórmulas que gustan hoy en Bruselas. Alguien allí debería revisar que está ocurriendo en España con el tope del gas que ya aparece en las facturas de hogares y empresas. El otro día me pasaban una en la que con un consumo por 102 euros, los cargos normativos suponen más de 62 euros.