Editorial

España, abocada a nuevas elecciones al ser inviable un gobierno de coalición

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Apenas unas horas necesitó ayer el PSOE para rechazar la propuesta de Unidas Podemos en la que planteaba un gobierno de coalición en el que la formación morada obtendría una vicepresidencia y tres ministerios por determinar. Esta oferta no pasaría de ser un nuevo paso en la estrategia negociadora entre ambos partidos para dar vía libre a la investidura de Pedro Sánchez si no fuera porque los argumentos que da el Partido Socialista para vetarla hacen inviable en la práctica cualquier acuerdo posterior, lo que indefectiblemente aboca al país a unas nuevas elecciones generales en noviembre. De nuevo vuelve a evidenciarse la incapacidad de la clase política de alcanzar el más mínimo consenso, aunque esta cerrazón comprometa la economía nacional y la propia imagen exterior del país.
El no rotundo del PSOE a la coalición morada se sostiene, entre otras razones, en las "importantes diferencias" que ambas formaciones tienen "en cuestiones de Estado, como es la crisis de convivencia en Cataluña". Esto, unido a la desconfianza demostrada entre las dos partes, acrecentada a raíz de la investidura fallida del mes de julio, no hace más que separar aún más a ambos partidos, multiplicando unos recelos que van a impedir cualquier acercamiento antes de noviembre. Aunque en política un mes ya es largo plazo y hasta lo que parece imposible puede ser viable, lo cierto es que los partidos han asumido ya como inevitable la celebración de unos nuevos comicios. Ahí se enmarcaría, por ejemplo, la iniciativa España suma, la propuesta del líder del Partido Popular, Pablo Casado, para formar una coalición electoral con Ciudadanos y Vox que neutralice a un Pedro Sánchez cada vez más favorecido por las encuestas.
Y es que esa nueva cita con las urnas no garantiza la gobernabilidad, toda vez que, aunque se produzcan fluctuaciones en el resultado entre las distintas formaciones, parece poco probable que, si no hay algún cambio significativo, se altere el equilibrio existente entre los grandes bloques de derecha e izquierda. En esta tesitura, podemos encontrarnos en otoño con un escenario muy similar al actual, con el agravante de que los recelos entre Sánchez e Iglesias se pueden haber incrementado y que los partidos independentistas den un paso más allá en su ataque al Estado. España necesita con urgencia un Gobierno estable que dé respuesta a ese desafío secesionista y que aborde las reformas que todavía tiene pendientes. La desaceleración económica a la que se encamina Europa y determinados acontecimientos de resultado incierto, como el Brexit, obligan a los políticos españoles a estar a la altura, algo que aún no han sido capaces de demostrar.