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«Donde se acaban las palabras empieza el arte»

I. P. NOVA
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La Fundación Antonio Pérez presenta una doble exposición en sus sedes de la ciudad y San Clemente del polifacético artista murciano Lidó Rico y sus creaciones

Lidó Rico junto a su obra - Foto: Reyes Martínez

Más de 25 años en el mundo del arte donde su trabajo artístico ha buscado al hombre y el concepto del cuerpo. Un trabajo perseverante y en algunos momentos angustioso que se reflejan en sus creaciones realizadas usando como molde su propio cuerpo. 
 El murciano Lidó Rico expone en la Fundación Antonio Pérez tanto en su sede de Cuenca como en la de San Clemente. La muestra se compone de una doble exposición, en el Centro de Arte Contemporáneo se expone Tormentos donde los visitantes pueden ver la parte más conocida del escultor. 
Por otro lado, El Museo de Obra Gráfica con el título Nautas y Privadas que se centra en el aspecto más pictórico basándose en su producción artística, obras inéditas por su condición de privadas. Ambas muestra permanecerán expuestas hasta el día 29 de noviembre. «La exposición del Centro de Arte Contemporáneo es más escultórica que la obra de San Clemente. Son conceptos diferentes de exposición, acerqué allí mi parte más pictórica ya que el público del Museo de Obra Gráfica de San Clemente está más acostumbrado a la bidimensionalidad», explica Lidó.
La obra escultórica de Lidó se centra en la representación de la sociedad gracias al uso de su propio cuerpo como molde, sus inicios según cuenta el autor fueron muy fortuitos «metí el dedo en cera y vi como el propio cuerpo, al consolidarse, formaba un vaso. Me encontré en mi camino a la resina de poliéster, y a día de hoy sigo fiel a ella».
Este murciano necesita del contacto en primera persona con la materia para poder crear, un proceso que describe duro, en el cual busca recrear al hombre, «pienso que el ser humano es blando, y que todo lo blando es finito, e impredecible. Reacciono hacia este concepto de blando haciendo algo duro con cada una de mis esculturas». 
Lidó reconoce que lo que más le llena es el proceso de creación de cada pieza, debido a esa técnica tan personalista se queda implícito en la obra. Cuando el visitante observa su obra se queda atrapado por todo el proceso que ha quedado en silencio, el sufrimiento de como se hizo, reflejado en los rostros de las esculturas.
«Busco al hombre, intento buscar respuestas gracias al arte. Donde se acaban las palabras es donde empieza el arte», describe Rico, apasionado por el tema de las ideas y de su devenir de donde van cuando mueren las personas, un aspecto que se puede apreciar en  la creación de Sinfonier.
 A la entrada de la muestra se observa como escalan la pared una repetición de teléfonos y la figura de un hombre enredada entre el devenir de los cables, la obra se llama El Pinchalineas, «en este caso  es un ejemplo de como las obsesiones, en este caso hacia el objeto concreto como es una aguja son el porque de la creación, ese pequeño objeto tiene tanta fuerza que es capaz de desarrollar una pieza. Esto es algo que a mi me emociona», cuenta Lidó Rico.
En uno de los muros se puede observar cientos de minúsculas calaveras que engullen todo tipo de texturas y elementos, «es una crítica muy sutil sobre la gente que se organiza en guetos. En la vida hay que ser más generosos, no en el tópico de dar, sino que hay que estar abiertos. Vida tenemos una, y cuanta más información tengas más te vas a llevar», explica Lidó.
Tangentes es una creación de calaveras donde se observa un juego de distancias con el espectador y unas esferas de cristal captan como si se tratase de  un señuelo al visitante. «Las calaveras representan una preocupación por las ideas», el artista intenta reivindicar que no hay que relacionar el concepto del cráneo con la muerte, «la sociedad tiene un problema, se mira al espejo y no ve más allá de la apariencia», cuenta el artista murciano.
«Últimamente uso la repetición, ya no me dedico tanto al escorzo y lo sumergido. Busco un concepto de repetición como toma de conciencia», comenta Rico sobre Mute, una creación del año 2013 que representa su propio rostro deformado por cremalleras que ocultan su boca, dejándole esclavo del silencio.
Lidó no cree que las obras necesiten de una explicación, cree que es más importante lo que transmite cuando la observas, y sobre todo que cada día que la mires te evoque algo diferente, «mi obra no está acotada, lo que me interesa de la obra es el concepto de que sea abierta. En el momento en que das por terminada una obra la asesinas. El espacio es, en sí, una sugerencia de como colocar la obra».
«Los dibujos expuestos en San Clemente, que realicé en Suiza  y París, son ilustraciones en los que sin quererlos ya se intuye lo que será la obra de un futuro, gracias a pequeños cuerpos que están suspendidos en el vacío. Hay una historia predestinada a hacer lo que estoy haciendo ahora», cuenta el murciano Lidó Rico, que espera que cuando la gente visite ambas exposiciones se dé cuenta de que es la misma idea pero proyectada en dos formas diferentes.
Rico se encuentra muy a gusto en la Antonio Pérez, «estoy muy orgulloso de esta fundación, está llena de gente maravillosa que lucha con objetividad por el arte. Además el emplazamiento es magnífico». Y es que el artista no comparte la visión que se está dando actualmente de lo artístico entre los eruditos y entendidos , «el arte contemporáneo está lleno de guetos, que han alejado a la gente de este mundo. Las galerías y los críticos de arte aburren. Hay que bajar a la tierra, porque al final quién compra y ve tu arte es la gente de pie de calle.» 
Lidó busca en esta doble exposición de la Antonio Pérez mostrar al público un arte con el que se sienta cómodo y que sea capaz de comprender, no busca impresionar a los expertos, porque los eruditos como dice el, «no le interesan».
Lidó Rico se acerca al público gracias a una filosofía que es «trabajar y trabajar», presenta una obra escultórica y pictórica en la que se ha dejado la piel, casi, literalmente hablando.