COLABORACIÓN

Fernando Lussón

Periodista


Arrimadas, descolgada y descolgada

21/11/2020

Hace apenas tres semanas, la presidenta de Ciudadanos, Inés Arrimadas, se dabas por satisfecha porque el Gobierno había aceptado alguna de sus 'líneas naranjas' para incorporarlas a los Presupuestos Generales del Estado, como las matizaciones a las subidas de impuestos a las rentas más altas y a las empresas, o que no se subiera el IVA a la educación concertada. Su optimismo coincidía con las llamadas de Pedro Sánchez para que las cuentas públicas tuvieran un apoyo 'transversal' y sin vetos cruzados, en lo que insiste el jefe del Ejecutivo a pesar de las advertencias de distintos partidos concernidos de que esa es una posibilidad contra natura, porque Ciudadanos por un lado, y el bloque de izquierdas por otro, son incompatibles.

No se había tenido en cuenta, además que Pablo Iglesias se encargaría de dinamitar todos los puentes que tendieran desde el PSOE, comenzando por la declaración de la vicepresidenta tercera, Nadia Calviño, en favor de Ciudadanos antes de que se desatara la crisis por el apoyo de EH Bildu a los Presupuestos, y de que se mantuviera la decisión de despojar de la calidad de vehicular al castellano en la Ley de Educación que acaba de pasar el Rubicón del Congreso, que para Ciudadanos pasaba de ser línea naranja a roja porque afecta a su ADN fundacional.

Item más, Ciudadanos había pedido que se retirar el 'dieselazo', la subida de impuestos al diésel que perjudicaba sobre todo a los autónomos, y que también pedía el PNV. Se trata de uno de esos recursos negociadores de Hacienda para que los partidos puedan apuntarse un tanto sin demasiado coste para el Gobierno. Un tanto que Sánchez y Montero han preferido que se apunten los nacionalistas vascos que son la clave del arco, en todos los casos, para sacar adelante los Presupuestos.

En estas circunstancias, con Ciudadanos muy cerca de una nueva 'foto de Colón' como consecuencia de la ley Celaá, sin haber conseguido otros propósitos, por la intervención de acción de Pablo Iglesias, y sin haber conseguido llevar al Gobierno hacia las posiciones más centradas, lo cierto es que Inés Arrimadas se ha quedado descolgada de la aprobación de los Presupuestos, aunque aún no ha terminado de dar su  brazo a torcer, y mantiene su estrategia de convertirse en un verdadero partido bisagra, que es para lo que nació, pero que las ensoñaciones de su anterior líder, Albert Rivera, acabaron por truncar.

Descolgada de los Presupuestos, Inés Arimadas puede quedar también descolocada. Muchos dirigentes de su partido, antiguos y actuales, le han advertido de que no se fiara de Pedro Sánchez, que la dejaría en la estacada en función de sus intereses. Entre tanto, desde el PP lanzan opas a algunos de sus miembros más destacados -¿la vicealcaldesa de Madrid, Begoña Villacis?- o esperan que la transferencia se produzca por ósmosis. Por lo pronto, el PP ha abandonado su propuesta de “España Suma” y se ha lanzado a por el electorado naranja, sacrificando Cataluña.

Ahora bien, el que resiste gana, que decía CJC, y un partido bisagra parece una necesidad para minimizar la impronta de los partidos nacionalistas en sus diferentes versiones en la gobernabilidad. A perseverar en la negociación animan a Arrimadas los ministros socialistas. ¿Y el disuelto UpyD? Bien, gracias. Camino del PP.



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