BAJO EL VOLCÁN

Juan Bravo


La hora de la responsabilidad

05/07/2020

En tiempos tan atribulados como los que vivimos, uno inexorablemente se acuerda de líderes de la talla de Churchill o de Kennedy, políticos que cuando le tenían que hablar a corazón abierto al pueblo, no se andaban con chiquitas. ‘Sangre, sudor y lágrimas’. «No digas lo que tú le que el Estado te ha de dar, sino lo que tú has de dar al Estado». Frases que han hecho época y que han forjado grandes pueblos.
Por aquí aún había imberbes, algunos con barba y todo, que, por lo visto, se esperaban que después de tener confinado cien días a un pueblo de 47 millones de habitantes, la cosa iba a ir de soi (que decía Felipe González). ¡Por Dios! El desplome podía haber sido incluso peor. Para estos ilustres demagogos agoreros, como el director del Banco de España, anunciador de catástrofes, como buen banquero, se trata de seguir metiendo miedo al pueblo por razones nada crípticas.
Pues ya está bien, señores cenizos, lo que hace falta decir al ciudadano español, en esta difícil coyuntura histórica, es que ha llegado la hora de la responsabilidad, pero no sólo de los demás, de los de siempre, sino de todos sin excepción. De algo ha de servirnos la lección de la terrible crisis de 2007, la de los especuladores del ladrillo y la finanza. Hoy las cosas son bien diferentes, y eso lo saben hasta los halcones del Norte. Aunque, por una vez, y sólo por una vez, hay que darles cierto margen de razón: no se puede dar dinero a fondo perdido sin contraprestaciones, sobre todo cuando los demagogos andan por las azoteas del Poder haciendo amigos con fondos de todos.
Insisto, ha llegado la hora de la responsabilidad para todos, empezando por esos políticos fulleros que han seguido cobrando sus dietas mientras permanecían confinados (ellos han de ser los primeros en dar ejemplo); y siguiendo por todos los eslabones de la cadena que conforma la sociedad en que vivimos. Ya está bien de soportar la llantina del sector turístico, que lleva lustro tras lustro, desde 1960, haciéndose de oro, y en especial desde que el terrorismo azota el norte de África. ¡Qué poco acostumbrados al sacrificio! Más le valiera mirar un poco al sector agrario, acostumbrado a soportar heladas, granizos, inundaciones y especuladores. Que saquen unos pocos ahorros de los que tienen en la bolsa y dejen de anunciar catástrofes, que saben bien que son coyunturales.
Responsabilidad, y grande, para los partidos políticos, que bien que nos han pegado el confinamiento con peleas de patio de colegio, en vez de hacer piña ante una catástrofe cuyas dimensiones nadie se esperaba en este mundo feliz (para algunos) en que piensan que vivimos. Responsabilidad, cordura, unión y consenso, tanto en los actos como en los discursos, anunciando, en vez de nuevas catástrofes, que somos un gran pueblo que ha superado situaciones más difíciles. Hay que sembrar optimismo, señores; aunque también hay que ponerse en su sitio con esa parte irresponsable de nuestra juventud que, por lo que sea, viven convencidos que esto es jauja, botellón, juerga y las responsabilidades para los demás: aplíquense, cuando sea preciso, incluso las plazas de toros, que para algo habrían de servir ahora que están vacías: unos cuantos camiones y al recinto, y que luego pasen sus respectivos papás a exonerarlos mediante la multa correspondiente y la vergüenza pertinente, porque el que no sabe educar a un hijo, bien se merece semejante trato. Las últimas noticias sobre el Covid-19 son harto preocupantes y gran parte de la población  está que trina con tanto irresponsable. Insisto, ha llegado la hora de la verdad y bastante sufrimiento han tenido treinta mil familias con sus muertos  y los  miles y miles de autónomos viendo cómo pasaban los días y cómo el fantasma de la ruina se cernía sobre ellos. Hay mucha tela que cortar, porque, convenzámonos, la batalla no ha hecho más que empezar. Aquí o nos salvamos todos juntos o francamente no sé que podrá ocurrir, porque la vacuna es por ahora un simple desideratum…