TRIBUNA LIBRE

Fernando Jáuregui

Escritor y periodista. Analista político


Lo que pasará si se repiten las elecciones

Crecen las posibilidades de que se repitan elecciones, al tiempo que decrecen las de que Pedro Sánchez resulte investido dentro de una semana, a menos que ocurran cosas hoy casi impensables en los próximos días previos a la fecha-tope del 25 de julio. Incluso hay voces, autorizadas sin duda, que dicen que sería conveniente volver a las urnas en noviembre antes que tener un Gobierno que sea un despropósito, que es el que algunas quieren alumbrar. 
Advierto de entrada que, personalmente, me parece un enorme error, muy lesivo para la imagen de España, pensar en unas nuevas elecciones, las cuartas en cuatro años. No hay país, ni siquiera Italia -y yo no quiero ser Italia- que resista un tal ritmo. Pero, si esos nuevos comicios se producen, nos encontraremos, con mucha probabilidad, con una recomposición importante del mapa partidario español, constatación de que el actual no nos sirve. 
Veremos, en primer lugar, corrimientos de tierras entre Ciudadanos y el Partido Popular. Ninguno de los dos quedará indemne, especialmente el primero. Ya se atisban movimientos para hacer candidaturas conjuntas en las provincias con menos de cuatro diputados, para frenar la sangría que supondría una tercera fuerza conservadora, Vox, en presencia. También me constan conversaciones entre PP y Cs para ir juntos a las elecciones en el Senado. Y todo ello se realizaría con la hegemonía de los populares sobre los naranjas: tienen más militantes consolidados, más sedes, mejor organización y... ahora más dinero, tras la retirada de apoyos de muchos empresarios a la hoy titubeante formación de Rivera. 
Obviamente, las formaciones emergentes sufrirán más que las del clásico bipartidismo. Todos los sondeos en presencia indican que Vox empieza a ser percibido más bien como un estorbo para que la derecha se implante en no pocos territorios que como un complemente necesario para tal implantación. 
Pero también es previsible un cierto tsunami en la izquierda. Los vaivenes de Pablo Iglesias sitúan a Podemos en una posición difícil de cara a los nuevos resultados electorales. De hecho, el líder morado está sufriendo, a manos del PSOE y tras sus fallidos contactos con Pedro Sánchez, un importante desgaste: ya hemos comentado muchas veces que la maquinaria de La Moncloa no la tiene, desde luego, ningún otro partido y que, puestos a lanzar mensajes subliminales, el aparato monclovita no tiene rival. Al margen, claro, de que la verdad es que Pablo Iglesias se está moviendo con notable impericia en este su tramo petitorio
Cuenta además Sánchez, en su tarea de aniquilar a Podemos -y me parece que este es ahora el objetivo sobre cualquier otro-, con otra baza a la que habrá que ir dando creciente importancia: Iñigo Errejón. Cada día más moderado y con actitudes más convencionales, Errejón tiene que demostrar ahora que sabe pasar de las musas al teatro, del teórico brillante al hombre capaz de sacar a flote una formación nacional que, desde la izquierda, pacte con un PSOE que está deseando establecer alianzas con el enemigo de su ahora enemigo Iglesias. 
Ignoro si este terremoto partidario compensaría las obvias desventajas de una repetición de elecciones, dada como crecientemente probable en los cenáculos políticos. Porque otras consecuencias de unos nuevos comicios, coincidiendo quizá con la publicación de la sentencia contra los catalanes secesionistas y sus previsibles secuelas de desórdenes públicos, serían altamente indeseables: una campaña electoral siempre fomenta divisiones, batallas al menos dialécticas y desunión general entre fuerzas que deberían afrontar lo más cohesionadas posible las amenazas contra la unidad y el prestigio de España. 
Nos hallamos ante un momento grave para una nación que necesita reactivarse, actualizarse, pensar e inmediatamente actuar. Hay aún soluciones: desde un Gobierno de concentración hasta un amplio pacto de Legislatura. Pero ya no se puede perder más tiempo, ni pensar que una nueva marcha hacia las urnas podría, quizá, quién sabe, acaso, tal vez, ser una solución. Y si, como parece probable, no lo es ¿qué?