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Ángel Villarino

RATAS DE DOS PATAS

Ángel Villarino


Parásitos y calamares

15/10/2021

En las universidades españolas hay ahora mismo más alumnos aprendiendo coreano que aprendiendo chino. Resulta chocante que una pequeña república con el tamaño económico y demográfico de España haya logrado más influencia cultural que el gigante que aspira a primera potencia mundial.
La serie de moda en Netflix es coreana ('El juego del calamar'), como lo fue en su día la canción más reproducida en Youtube durante años ( 'Gangnam Style').  Mi hija sigue a varios cantantes coreanos y a ninguno chino o japonés. Y si preguntas en un instituto, pocos chavales tienen ganas de ver Pekín o Shanghái,  pero muchos podrían explicar donde les gustaría ir si pasan un fin de semana en Seúl.
Es tentador sacar conclusiones sobre la fiebre coreana. Se podría argumentar que el país más capitalista de Asia -y uno de los más prósperos- es más efectivo a la hora de generar 'poder blando' que una apisonadora estatal como la china. O que los temas y el estilo de su producción cultural tienen más puntos de conexión con Occidente porque su propia cultura está más expuesta a la influencia occidental.
O se podría decir que  Parásitos, la película surcoreana que ganó el Oscar en 2019, tiene algo en común con El Juego del Calamar. Ambas centran la tensión narrativa en exhibir los problemas sociales de uno de los sistemas sociales y políticos más darwinistas del mundo, un argumento más exportable que el patrioterismo trasnochado sobre el que se sostiene buena parte de la producción cinematográfica china.
Pero el interrogante más importante que abre el éxito surcoreano es el del potencial de la influencia cultural asiática. La economía mundial ya ha girado hacia el Pacífico, pero muchos ven imposible que suceda algo parecido con los poderes blandos. Seúl nos demuestra que no es ninguna locura pensar que sean capaces de convertirse en el modelo universal también ahí.