LA OTRA MIRADA

Ilia Galán

Poeta y filósofo


Trámites

23/08/2020

Se le ocurrió cambiar de compañía... Unos «teletrabajadores» le guiarían hacia el objetivo, pero, sobre todo, las máquinas, organizadas por sordos sistemas informáticos en los que se perdía... Llamó, después de largas búsquedas por internet, a un teléfono donde nadie aparecía... Siempre un artefacto estúpido daba opciones mecánicas que no le interesaban o no entendía... Finalmente, una persona se puso al auricular, con acento lejano, porque vivía en otro continente; allí les pagaban mucho menos y podían usar, abusar de sus vidas noche y día... 
Hasta ahí nada anormal, solo el simple deterioro de nuestra civilización que, para ganar beneficios unos pocos, deja de asistir a todos y en vez de personas que nos guíen dejan programas que se explican más o menos solos mientras nosotros apenas entendemos el sonido de los teclados.
Lo peor vino cuando tenía que firmar... como con el notario, como cuando uno va a abrir una cuenta bancaria o va a hacer algún gran contrato. Todo lo explican, decenas de páginas con lenguajes inescrutables, y las opciones finales conducen a una firma sin saber lo que se hace. 
Días de estudio y consultas requeriría para muchos entender lo que suscriben. La gran mayoría de las personas firmamos motivados por la confianza que nos inspira alguien o el mismo sistema, que dice así ser más transparente, aunque para la mayoría de los mortales sea tan solo un cristal opaco de una ventanilla y hasta ciego.
Hay contratos de 100 páginas y más «para seguridad del cliente» pero, ¿quién los lee? Y luego, mil y una firmas en la cuenta corriente, protecciones diseñadas por necios... 
Los abogados enredadores han hecho del mundo un infierno de opciones legales. Los trámites son a veces tantos y tan tontos que aplastan las acciones y no dejan vivir a quienes servir debían.
No muy distinto es el universo de la política con su entramado de leyes... Aunque ahí no se fíe nadie apenas de nada y busquen el anverso de los versos... De alta poesía no se trata sino de ineficacia y maniobras de grupos muy dispares en intereses y hasta en pensamientos...
Sin embargo, pedimos de nuestros gobiernos que obren con razones y, sobre todo, que resulten eficaces en su gestión. 
Las gentes, más que una supuesta transparencia que, a menudo no se percibe, exigen vivir bien, tener un buen trabajo, techo donde cobijarse, alimentos con los que mantenerse, seguridades para poder hacer una familia, perspectivas de futuro y mejora. 
El virus ha venido para revolvernos en un sistema anquilosado que podría ser revisado y mejorado. Habrá que ver cómo reorganizarnos, después de este gran desorden. Necesitamos soluciones efectivas, menos discursos y trámites legales. Mientras tanto, seguimos firmando documentos ininteligibles.



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