TIEMPO MUERTO

Diego Izco

Periodista especializado en información deportiva


Dinero inservible

Recurriré a un caso extremo y altamente improbable para explicar la injusticia de la normativa: regresando de (pongamos) una barbacoa familiar, los cuatro centrales de un club poderoso, pues tiene que ser poderoso para adecuarse a la actualidad, sufren un grave accidente de tráfico; afortunadamente, ninguno pierde la vida, pero sus lesiones son severas y se pierden la temporada. El club pide permiso a las autoridades para fichar a cuatro jugadores, porque mira qué panorama se me queda, Javier, Luis, ya lo entendéis. Permiso concedido. Y de repente acude a uno de los equipos menos goleados del campeonato, apoquina las cuatro cláusulas de los centrales y se los lleva. «Es que están coordinados, pueden aportar mucho». Presentación en bloque. Ilusión en los cuatro rostros, pues han pasado de la modestia a la gloria de una camiseta en un santiamén, maldita y bendita sea la curva del accidente, piensan… Y detrás de las fotos, el club pequeño con la mirada perdida en el horizonte, en un punto indeterminado entre «qué cojones ha pasado aquí» y «cómo soluciono yo esto». Así que acude a la ventanilla con la mejor de sus sonrisas, esperando que alguien aplique la lógica… pero la lógica no figura en la norma: «Es que no puedes fichar a nadie. Te entiendo y estoy contigo -tap-tap, dos golpecitos en el pecho-, pero la ley es la ley». Ajo y agua. Derecho a la pataleta, rabia contenida y conejillo de indias de una norma que alguien tendrá que cambiar para evitar atropellos.

Así se ha quedado el Leganés, un equipo que pelea a brazo partido por su supervivencia, después de que el Sevilla ejecutase la cláusula de El Nesyri y el Barça la de Braithwaite. Sus dos mejores jugadores, la gran esperanza de la permanencia, han volado. Dejan 40 millones en caja que no sirven para nada, además de un vacío enorme que ahora apesta a descenso y tremenda injusticia.