CRÓNICA PERSONAL

Pilar Cernuda

Periodista y escritora. Analista política


Las amenazas de Torra

Se le tenía por un pusilánime en manos de Puigdemont, pero cuando se ha visto sin escaño y con la posibilidad de perder la presidencia de la Generalitat ha salido el Torra chulesco, y desafiante e incluso amenazante. No quiere soltar el gobierno, y tras tomar la palabra en el Parlament para arremeter contra la Justicia, contra España, contra la JEC y contra todo el que se le ponía por delante, amenazó con convocar elecciones y abandonó el hemiciclo. Ahí quedaba eso.

Ha perdido la batalla del escaño, entre otras razones porque su voto invalidaría cualquier proyecto de ley del gobierno, incluidos los Presupuestos, pero Torra se guarda la carta de las elecciones, que a los independentistas no les convienen en estos momentos.

Quedan incógnitas en el aire, desde esa posible convocatoria que determinaría el futuro de Puigdemont, hasta qué ocurrirá con la anunciada reunión de Pedro Sánchez con Torra si pierde el escaño pero no el gobierno. Y cómo afectará a las relaciones Moncloa-Generalitat este episodio que encabrita el mundo independentista.

Esta última peripecia político-parlamentaria ha demostrado en primer lugar lo que se advertía desde hace varios meses: el grado creciente de tensión entre Junts y ERC y, segundo, que ERC teme a la Justicia más que a las arremetidas de la oposición.

El presidente del Parlament, Torrent, hasta ahora –de ahí viene su falta de sintonía con los dirigentes de Junts- ha reiterado su posición independentista a través de declaraciones y solo declaraciones, teniendo buen cuidado de no llevarla a los hechos. La condena de sus compañeros a prisión, más la aplicación del 155, ha rebajado considerablemente las actuaciones independentistas, con un ejército de asesores y abogados que son consultados permanentemente por los dirigentes independentistas para no incumplir la ley.

Torra, hay que recordarlo, pierde su escaño por no retirar una pancarta colocada en la fachada del Palau de la Generalitat que la Junta Electoral consideraba que incumplía con las reglas que se exigen en una campaña. La JEC puso plazo a la retirada, y el presidente de la Generalitat acabó ordenando que se descolgase la pancarta, pero lo hizo cuando ya se había cumplido el plazo. Esa pancarta, cuestión menor si se compara con iniciativas llevadas por el anterior gobierno de la Generalitat y el anterior Parlament, puede provocar también la pérdida de la presidencia del gobierno. Con el visto bueno de Torrent y de los miembros de ERC de la Mesa del Parlament, deseosos de conservar sus cargos.

Un escenario envenenado para los independentistas y preocupante para un Sánchez que creía que con el diálogo se solucionaba todo. No tenía en cuenta que la Justicia, lenta, sigue su camino sin estar pendiente de los tiempos políticos. Por otra parte Torra pierde su condición de parlamentario en el peor momento, cuando Puigdemont acaba de ocupar el suyo en Estrasburgo y necesitaba unos meses para organizar su asalto al Palau de la Generalitat.