Javier Caruda de Juanas


Amanece, que no es poco

11/03/2021

No seré yo quien ponga en tela de juicio el tema del libre albedrío (que por otra parte aquí viene que pintiparado) tal y como se nos presenta en la cinta que rodara Cuerda a finales de la década de los ochenta del siglo pasado. Don Andrés, el cura, y el cabo Gutiérrez se enzarzaban en una magnífica discusión sobre el sentido del libre albedrío y su uso en los peldaños más bajos del escalafón del benemérito instituto. Y es que la definición de albedrío como libertad individual que requiere reflexión y elección consciente viene como anillo al dedo al anuncio de la instalación en Cuenca de la empresa Vía Ágora de una forma inminente. Tras el varapalo recibido hace unas semanas con el sorprendente cierre de Gamesa y la pérdida de 51 puestos de trabajo, la próxima implantación de Vía Ágora con la creación de más de 60 empleos trae un poco de esperanza a una ciudad que languidece cada día un poco más. Pero son pocos, muy pocos. Necesitamos, al menos, otras diez empresas como ésta. Sí, ya sé que una cosa es llamar y otra ir a abrir, pero es que tenemos la necesidad de tapar esta sangría laboral cuanto antes. No reniego del modelo de ciudad que tenemos, ese que, en teoría, conjuga naturaleza, cultura y turismo pero esta forma de entender Cuenca no da más de sí. Necesitamos tener razones para que nuestras generaciones más jóvenes se anclen en el desarrollo de la capital que les ha visto nacer. 
Hoy tenemos 60 razones más,  aún son pocas. Pero el albedrío es también capricho. Y, desde luego, debe ser un capricho inexplicable que el edificio situado frente a las escalerillas del Gallo se mantenga en pie en un estado ciertamente deplorable. No sé si la titularidad es municipal o no, si pertenece a una fundación o no, lo que sí sé es que urge darle una solución a este inmueble, por seguridad y limpieza. ¿Cuántos años lleva este edificio de esta manera? 
Si seguimos apostando por el turismo (no parece que esto vaya a cambiar en poco tiempo) es difícil justificar una postal como la que tenemos ahora mismo a los pies del casco histórico. Sí, ya sé, estamos donde siempre, no hay dinero, pero más vale que solucionemos el estado del mismo antes de que tengamos que contar una noticia que nadie querría publicar. El centro de la ciudad necesita una intervención integral que lo haga atractivo para negocios, los nuevos y los que están, para que el ciudadano pueda disfrutar de su ocio en las múltiples opciones que el centro ofrece, que lo mantenga libre del afán grafitero sin sentido que sufren muchas de sus paredes y, sobre todo, que permita enseñarlo sin sentir que es el pariente pobre del casco histórico.
Mientras que no usemos el libre albedrío para incrementar la oferta industrial de la ciudad al tiempo que la adecentamos mediante un plan consensuado, la situación nos llevará a aquella frase amanecista «Qué irse, qué apagarse, con qué parsimonia». Y eso, querido amigo, se acerca a una velocidad cada vez mayor.