LA RAYUELA

Óscar del Hoyo

Periodista. Director de Servicios de Prensa Comunes (SPC) y Revista Osaca


El sueño de Emmet

23/02/2020

Está ilusionado. Lleva meses esperando poder cumplir su sueño con ese viaje que le va a permitir conocer sus raíces. Su tío Moses le ha relatado numerosas historias del delta del Misisipi y desea comprobar por él mismo si lo que le han contado sobre el Sur está tan alejado de la vida de Chicago.
Con 14 años, Emmett Till es un muchacho de ojos grandes, ruisueño y extrovertido, que no pasa desapercibido. «Las cosas en Money son muy diferentes. Algunos blancos no tratan bien a gente como nosotros. Ten cuidado, no te metas en problemas». Las frases de su madre retumban constantemente en su cabeza durante el traslado, pero poco le duran al llegar a su destino y empezar a descubrir parte de los encantos de la pequeña localidad con su primo Curtis.
 Pasan los días entre juegos y excursiones, hasta que un domingo después de misa, Emmet y su nuevo grupo de amigos, la mayor parte hijos de trabajadores de los campos de algodón, se dirigen a la tienda del pueblo a comprar unos dulces. El local, propiedad de un matrimonio blanco, está regentado por la mujer, Carolyn, de 21 años. Su belleza natural encandila al joven afroamericano que se queda obnubilado y, antes de abandonar el establecimiento, piropea a la dueña, como suele hacerlo en Chicago. Ella, incómoda y poco acostumbrada a que los negros se dirijan en esos términos, saca una pistola que guarda debajo del mostrador, la empuña y amenaza al grupo. Los chicos, presos del pánico, huyen del lugar como alma que lleva el diablo.
El incidente corre como la pólvora por el pueblo y, cuando el marido de Carolyn, Roy, que se encontraba de viaje de negocios, regresa seis días después de lo sucedido, decide tomarse la justicia por su mano.
Tras interrogar a varios jóvenes con enorme violencia para saber la identidad de quién ha lanzado aquellos improperios a su esposa, de madrugada se dirige con su hermano John y otro hombre hasta la casa del tío Moses donde reside Emmet, al que secuestran y trasladan a un viejo granero ubicado en las afueras de Money. Se escuchan gritos de auxilio que pronto son silenciados. La paliza es tremenda. La orgía de golpes dura varias horas, hasta que el adolescente, extenuado y empapado en sangre, pierde el conocimiento. Es entonces cuando sus verdugos lo rematan con un disparo en la cabeza. Después, lo trasladan a las inmediaciones del río Tallahatchie y, tras atarle un enorme ventilador agrícola al cuello con un alambre, lo arrojan al agua para deshacerse de él. El sueño de Emmett se acaba convirtiendo en pesadilla. 
A la mañana siguiente, la Policía comienza a investigar la desaparición. Roy y John son interrogados y, aunque reconocen que raptaron al muchacho, sostienen que lo abandonaron en la puerta de la tienda esa misma noche.
Días después, dos jóvenes que están pescando descubren horrorizados un cuerpo completamente desfigurado. No hay duda. El anillo confirma que es Emmett. La noticia conmociona a todo el país y 50.000 personas asisten a su sepelio en Chicago. La madre del joven decide que el ataúd permanezca abierto durante el funeral para que la gente pueda ver lo que le han hecho a su hijo. Los dos hombres fueron llevados ante el tribunal, pero, en un polémico veredicto, son absueltos.
Corría el año 1955, el mismo en el que Rosa Parks se negaba a ceder el asiento del autobús a un hombre blanco en Alabama. En aquellos tiempos, los negros estaban totalmente marginados en EEUU, con una segregación brutal, auspiciada en las leyes Jim Crow, heredadas de la esclavitud del siglo XIX, que incluso les impedía utilizar los baños, considerándolos seres inferiores y marginándolos totalmente de la sociedad. 
Los hechos provocan el hartazgo de una población que, liderada por el joven Martín Luther King, organiza una oleada de protestas que se prolonga durante 382 días. El caso de Parks acaba en la Corte Suprema, que determina que la segregación es una norma contraria a la constitución norteameriacana que defiende la igualdad de todos los individuos de la nación. Un año después, se prohíbe cualquier tipo de discriminación en lugares públicos. 
Esta semana, Andrew Sabisky, asesor del primer ministro británico, Boris Johnson, se vio obligado a dimitir por unas declaraciones en las que afirmaba que los estadounidenses negros tienen un cociente intelectual inferior. Mientras, en Portugal, un jugador del Oporto, Marega, abandonaba el campo tras los insultos que le lanzaban desde la grada por el color de su piel, y en la ciudad alemana de Hanau, nueve personas morían el miércoles a manos de un perturbado que presumía de su odio a los extranjeros y que sostenía que la ciencia constata que existen razas superiores a otras. 
Han pasado más de seis décadas desde que se puso fin a la segregación racial, pero es evidente que el racismo continúa arraigado en la sociedad.