CATHEDRA LIBRE

Miguel Romero


Un moreno sin tono solar

27/07/2020

Me gusta el editorial que la periodista Rebeca Alcántara ha sacado en el Diario Ideal ‘La pandemia redibuja unas playas en las que ya nadie roba la sombra’, porque así sucedía. Mi recuerdo se centra más en lugares como Benidorm, Denia, Cullera o Benicasim, donde apenas encontrabas un espacio para poder colocar tu hamaca, tu silla o tu sombrilla. Era prácticamente imposible. Las playas, ese ansiado trofeo del funcionario de interior, donde llegaba en sus vacaciones veraniegas, buscando ansioso el agua de mar, pero sobre todo, el ambiente, el descanso de un año de trabajo y sobre todo, el sol para colorear la piel ‘blancosa’ que había perfilado la atmósfera de una ciudad de interior, ha cambiado en este desventurado año 2020.
Esa nueva normalidad que intentan introducir en nuestras mentes, los políticos de turno, no encuentra sosiego con los nuevos brotes, los desengaños o los desvaríos. Sin duda, ha tenido muchas consecuencias y en gran parte, negativas aunque algunas sean más fáciles de percibir que otras. Uno de los lugares en los que las limitación provocadas por las medidas restrictivas de esta crisis, son las playas.
Aquella imagen de las sombrillas dando vida a una fotografía multicolor que no permitía ver el resquicio de la arena de playa, ha dado paso a un ordenado cuadrante en el que la sombrilla ocupa un espacio controlado, con unas obligadas distancias que ya se encargan de controlar esa nueva especie de ‘melonero de playa’ que ahora se llama vigilante de coronavirus, pero muy lejos de aquellos vigilantes de playa televisivos con Pamela Anderson al frente.
Todo ha cambiado, pero para muchos es una tristeza sin límite. Las ventas de bronceadores, aceites, niveas o afftersum se han quedado diezmados en su ganancia. Los esbeltos jóvenes luciendo moreno y músculo, han dado paso, a los esbeltos jóvenes luciendo músculo y mascarilla; es decir una MM ha dado paso a otra MM muy distinta.
Pero el peso de la desgracia se lo llevan las mujeres, mucho más dadas a ese moreno de playa tan llamativo, tan especial, tan provocador y tan sensual; un moreno de muchas horas que no cubre las esperanzas de los deseados «mirones», ahora en sus horas bajas por eso de la distancia entre cuadrante y cuadrante.
La imagen playera ha cambiado, amigos. Ya no abundan las motos en las cervecerías de primera línea, muy pocas; ni tampoco la ‘morena’ que pasea su cuerpo y color de paseo marítimo a zona de pubs; o el musculoso, que tanto ha sufrido durante el invierno para aumentar sus volúmenes de anabolizantes y que ahora, con el aceite recién echado, no puede brillar en excelencia, si no ha bajado pronto a la playa, porque los cuadrantes se han ocupado.
Mi amigo Fausto dice que toma al menos 20 gramos de proteína de suero y 5 de creatina unos 45 minutos antes de ir al gimnasio. Ayudará a liberar hasta un 87 por ciento más de músculo y mejorar tu rendimiento en el press de banca hasta un 35. Tanto sacrificio para no poder lucirlo como él quisiera. La playa es un escenario especial, único, inmejorable.
Y acaba la periodista Rebeca diciendo «En los palos de las sombrillas cuelgan ahora, junto a camisetas y bolsos, mascarillas enganchadas en el gancho que sirve para enganchar el palo de la sombrilla. Siempre a mano para colocársela cuando sea necesario. La policía será contundente con el no uso de la mascarilla porque han sido muchos meses malos para echarlo ahora todo por la borda por aquello de que la mascarilla resulte incómoda con el calor».
En este verano y post-verano, veremos menos «morenos y morenas de playa», os lo aseguro. Estos años bisiestos, traen lo que traen algunas veces. ¡Una lástima, sin duda!



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