MIS RAZONES

Pilar Gómez


La triste realidad de Cataluña

20/07/2020

La sociedad catalana votó mayoritariamente un Gobierno nacionalista, que incluía en sus programas todo tipo de invocaciones a la independencia, y se ha encontrado ahora con una pandilla de ineficaces incapaces de gestionar con la más mínima sensatez la tremenda crisis sanitaria que se nos ha venido encima. Al virus no se le hace frente con las banderas estrelladas y los cánticos épicos, sino con gestión, trabajo y conocimientos.
La Generalitat ha dado tales muestras de impotencia y de desgobierno absoluto que está teniendo que dar aceleradamente pasos hacia atrás en algunas zonas como Lérida y ahora también Barcelona. Un desastre y un drama que se traduce ya en miles de contagiados y en una devastadora ola de cierre de negocios.
No saben gestionar, no saben trabajar, son tan sólo recitadores de discursos inflamados con la independencia como eje y el victimismo como argumento. El nacionalismo es la peor lacra de un país y en Cataluña se muestra lamentablemente en toda su magnitud. Le reprochaba Quim Torra al Gobierno central que los muertos en Cataluña eran culpa de Madrid. Terminado el estado de alarma, las comunidades han asumido el control de la gestión sanitaria. Nadie lo está haciendo peor que Torra, que su Gobierno de incapaces. Ya no hay excusas, no hay argumentos exculpatorios. El nivel de su incompetencia es clamoroso y terrible.
Mientras Lérida se confinaba y Barcelona otro tanto, en un paso atrás inquietante y cruel, en algunas calles de la región se recibía a los impulsores del golpe de Estado del 17 como héroes, una vez que la Generalitat, en una evidente muestra de fraude de ley, los ponía prácticamente en libertad tan solo nueve meses después de haber sido condenados por el Supremo por el delito de sedición. Muchos aplausos a los golpistas cuyos partidos son los mismos que están hundiendo a la comunidad con su clamorosa torpeza ante la crisis de la pandemia. Una paradoja que refleja la realidad lacerante del sentimiento de una sociedad, manipulada desde la escuela por un movimiento obsesivo y excluyente, xenófobo y totalitario y, como se ha comprobado ahora, saqueador y ladrón.