Sánchez prepara la Mesa del Congreso para negociar con Podemos y Cs

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El proceso de negociación para constituir la Mesa del Congreso se ha considerado desde hace semanas como punto de referencia para descifrar las intenciones de Pedro Sánchez de cara a la formación de gobierno. El reparto conocido ayer de que  el PSOE ocupará tres de los nueve puestos y que los otros seis se distribuirán de forma igualitaria entre Partido Popular, Ciudadanos y Unidas Podemos (dos para cada uno) apenas despeja dudas y permite tener abiertas toda clase de interpretaciones. La más recurrente tras el 28-A es la que apunta hacia un acuerdo con Podemos, que en efecto daría una mayoría suficiente para el control de la Mesa, un órgano de vital importancia para el día de la cámara legislativa, dado que de ella dependen cuestiones como la admisión o no de iniciativas parlamentarias, fijar el calendario de su tramitación y otras decisiones relevantes que en ocasiones originan polémica por considerarse partidistas por su evidente carácter estratégico. 
La cesión de dos puestos a Podemos es la que más se destaca porque es la que sirve para mantener abierta la hipótesis de un ‘gobierno de progreso’, como en varias ocasiones se ha referido el líder de los morados, Pablo Iglesias, a la fórmula que él desea. Sin embargo, también deja abierta una mayoría entre PSOE y Cs, de la que hoy apenas se habla porque en vísperas de las elecciones municipales y autonómicas del 26 de mayo ningún partido ha modificado aún sus posiciones previas al 28 de abril. La formación de Rivera mantiene a día de hoy su cordón sanitario a Pedro Sánchez y su negativa a favorecer su investidura, pero no significa que el 27 de mayo las estrategias de los partidos puedan variar en función de lo que deparen las urnas, especialmente en lo relativo a PP y Ciudadanos en su pugna por liderar la oposición y dejar lo más debilitado posible al otro el día 26. Pero en cualquier escenario, con la distribución de puestos que la socialista Adriana Lastra negocia con el resto de fuerzas políticas, Sánchez podría llevar a la práctica su intención de gobernar en solitario, sirviéndose en todo lo concerniente a la Mesa del Congreso de los apoyos de Podemos o de Cs en función de las materias.
La aparente exclusión en este órgano a fecha de hoy de todos los demás partidos, desde Vox a los independentistas de ERC, también deja entrever a priori la poca disposición de Sánchez a que estos grupos pongan en riesgo la fluidez de la Mesa. Aunque hasta el 26 de mayo será difícil atar todos los cabos, también parece una señal meridianamente clara de que no quiere que su disposición a afrontar el problema de Cataluña mediante el diálogo, validada por amplia parte de españoles en las urnas, esté supeditada a una capacidad de bloqueo de los independentistas en las instituciones.