Miguel Romero

Miguel Romero


Recordando el villancico

15/12/2021

Como suelo hacer, voy a la Real Academia de la Lengua y leo la definición de Villancico. Así dice «Composición poética popular tradicional formada por versos hexasílabos u octosílabos distribuidos en un estribillo (de dos a cuatro versos, al principio del poema y en el cual se anuncia el tema), una o más mudanzas (una o varias estrofas, generalmente redondillas) y una o más vueltas (formadas por un verso de enlace y varios versos que repiten lo expresado en el estribillo)».
Y la verdad es que Cuenca fue siempre cuna de populares villancicos desde el mismo siglo XVI, momento en que se cultivaban con mayor dedicación. Todos nuestros grandes maestros de capilla se afanaron a componer alguno y no todos los cantaron en aquellos conciertos navideños.
Recuerdo una serie de composiciones que sacara a la luz mi paisano Juan de Castro y Mallagaray, maestro de capilla de nuestra catedral y hombre insigne dentro de la música religiosa, discípulo de Felipe Rogier, maestro  de capilla de Felipe II. Pero tengo mucho más próximo los villancicos de nuestro poeta Federico Muelas, muchos de ellos cantados cuando formaba parte de aquella tuna de Magisterio que dirigía nuestro recordado don José Torralba.
Pero quisiera recordar y lo hago con mucho respeto y nostalgia, a Ismael Martínez Marín, padre de insignes músicos y alguno de ellos, ya viajero en el Parnaso de la Memoria, como nuestro añorado guitarrista de nombre también como su padre. Y digo que recuerdo a su padre porque yo le acompañaba cuando de ronda salían por esas calles del barrio de la Estación, bar a bar, esquina a esquina, calle y callejón, entonando con la guitarra, a veces con acordeón, los platillos, la carraca, la botella de anís y el almirez. Músicos como Lerma, Aurelio el mozo, Mencía, Carrillo, el Mañanero, Luisito, sin olvidar aquellos del grupo de Roque Martínez y otros, maestros de la solfa como "la copa de un pino", excelentes voces que bien entonaban a pesar de aquellos necesarios vinos, bien tomados, que afinaban notas y aclaraban gargantas.
Muchos otros compositores quisieron hacerle honores, por eso cuando se nos marchó, la Banda Municipal de Cuenca dirigida por Juan Carlos Aguilar quiso interpretar esa composición que compartieron como autores, tanto el maestro Aguilar como el recientemente fallecido don José López Calvo y bajo el nombre de "Marcha por un guitarrista conquense", quisieron hacer su particular homenaje a quien tanto nos ofreció con su guitarra, su voz y su maestría, a conquenses en general y a amigos en particular.
Su esposa, sus hijas y Arturo, único varón superviviente de la familia, siguen recordándole con su música y su ilusión compartida decorando la tienda de la familia con sus típicos músicos de trapo, sus luces de colores y su constante música donde el villancico sigue siendo el principal protagonista.
En el Villancico del abuelo Ismael, con la Nochebuena se viene y la Nochebuena se va, López Calvo incluye a ritmo de zambomba ese soniquete popular de saca la bota María que «esta noche nos vamos a emborrachar» para deletrear con acento conquense «Y saca el morteruelo / y el alajú del bueno / y saca los tostones, / zarajos a porrillo / y aguardiente serrano del mejor…» –así escribía J.V. Ávila.