Vidal Maté

Periodista especializado en información agraria


Hoja de ruta para el sector del vino

El Ministerio de Agricultura y el conjunto del sector vitivinícola, coincidiendo con la vendimia, iniciarán este mes el desarrollo de una hoja de ruta con el objetivo de abordar toda la problemática actual y futura del vino desde la producción a los mercados. Estos trabajos se reflejarán en medidas concretas, así como en un calendario para su desarrollo legislativo y su aplicación. El ritmo de estas actuaciones estará marcado por la evolución de la situación política y la capacidad que tenga el Ministerio de Agricultura para avanzar en materia normativa y de recursos.
Desde la perspectiva de la producción, frente a unas vendimias medias hace menos de una década de entre 35 y 37 millones de hectolitros, en la actualidad, aunque la superficie haya bajado de 1,1 millón a unas 950.000 hectáreas, las producciones medias se sitúan entre los 42 y los 43 millones de hectolitros debido a una mejora de estructuras, aumento de la superficies de regadíos, la puesta en marcha de explotaciones más intensivas en espaldera y con variedades de mayores producciones con cifras muy superiores a los 20.000 kilos de uva por hectáreas generalmente fuera de las denominaciones de origen.
Frente a esta oferta de vino a alza, sobre todo en zonas ya excedentarias, el consumo interior sigue sin despegar para estancarse en unos 10 millones de hectolitros.
La exportación se mantiene como la principal salida para seguir aumentando las producciones de vino. El problema es que una salida media anual al exterior de unos 22 millones de hectolitros, se logra fundamentalmente por los precios bajos de los graneles que suponen más del 50% de esa ventas, y que, además, son adquiridos, en parte muy importante, por países competidores como Francia e Italia.
Según los datos del primer semestre de este año, tras una campaña muy elevada de 50 millones de hectolitros, la ventas en el exterior ascendieron en ese período a 10,7 millones de hectolitros con un incremento del 0,7%, mientras los precios caían un 15% hasta generar unos ingresos de solo 1.289 millones de euros. Aumentaba la venta de graneles en 68 millones de litros hasta los 605 millones, pero su valor caía un 25% por el hundimiento de los precios en un 33% hasta los 0,41 euros por litro. No le fueron mejor los datos a los vinos envasados con 465 millones de litros, solo seis millones más, a un precio medio de 2,22 euros/litro frente a la media de 3,2 euros/litro en los vinos italianos y de cinco euros de los franceses, cava incluido.
Más que vender vino, se puede decir que España lo regala para dar salida a sus excedentes en competencia fundamentalmente con las producciones de los países del cono sur como Chile, Argentina, Australia o Sudáfrica. Y, si en la actualidad existen problemas de precios en el sector por los excedentes, en los próximos años estas serán mucho más graves si se mantienen las circunstancias en los mercados y se incrementan, como está previsto, las producciones de uva y vino.
Frente a este panorama, el Ministerio de Agricultura tiene en marcha una iniciativa para lograr un cambio en profundidad en la regulación del sector del vino desde la producción a la comercialización y la ordenación de los mercados para defender mejor los intereses de la fabricación, estrategia que se pretende aplicar igualmente a otros sectores productivos con problemas similares. 
Para llevar adelante este proceso de cambios en los sectores más importantes, el ministro de Agricultura, Luis Planas, ha puesto sobre la mesa tres puntos clave sobre los que se debería actuar. El primero, una apuesta por la calidad. El segundo, mayores esfuerzos en la promoción de lo que se elabora. Y el tercero, ir hacia la autorregulación de los mercados en base a las disposiciones comunitarias y que el productor tenga un mayor protagonismo en la defensa de sus intereses.
De acuerdo con esos objetivos y para dar respuesta a los problemas más importantes que afectan actualmente al sector, sobre la mesa se halla esa hoja de ruta, en base a las propuestas hechas hace unos meses por la propia interprofesional y las cooperativas agroalimentarias, recogida y modificada por el Ministerio de Agricultura que ya no entraría en vigor hasta la próxima vendimia.
Desde la perspectiva de la producción, la mejora pasaría, en primer lugar, por el pago de las uvas por calidad. Para su destino a la obtención de vinos y mostos, las mismas deberían tener una graduación mínima de nueve grados. En la misma línea, el contenido de ácido glucónico, por el que se mide la calidad sanitaria de la uva, no debería superar los 0,5 gramos por litro. El producto que no tuviera esas condiciones mínimas se debería llevar a otros destinos y no para la obtención de vino. Igualmente, respondiendo a las mayores exigencias de calidad, pero también a la necesidad de ordenar la oferta, se aborda el problema de los rendimientos máximos de uva por hectárea en un momento en el que en unas denominaciones de origen se apuesta por el mayor control con rebaja de los techos, mientras otros van por libre. Se plantean cifras máximas de 150 hectolitros/hectárea para tintos y de 180 hectolitros para los varietales blancos.
En materia de promoción, los fondos de la interprofesional se quedaban cortos para levantar la caída de consumo y la lucha en los mercados exteriores.
Finalmente, una tercera faceta importante para el sector es la posibilidad y la necesidad de ir a una autorregulación de la oferta de acuerdo con las actuales disposiciones comunitarias y, a pesar de lo que digan en España las autoridades de la Competencia, que se sitúan permanentemente en contra de que el sector agrario se autodefienda, operaciones de retirada y almacenamiento de vino para evitar excedentes y caídas de los precios cuyos gastos correrían a cuenta de los productores. 
En esta actuación se barajan diferentes escenarios para determinar el momento en que se deba acometer esa medida. La propuesta contempla que se desarrollaría cuando las existencias sumadas a la cosecha de esa vendimia superen en un 5% la media de las cinco campañas anteriores. Las acciones de retirada, actualmente a debate, afectarían fundamentalmente a los productores con los mayores rendimientos y el vino retirado no debería superar el 10% de las disponibilidades.
Para el director del Observatorio Español de los Mercados del Vino, Rafael del Rey, es un principio clave elaborar siempre un vino con calidad, aunque la misma puede y debe ser diferente en función de la demanda y lo que se coloque en cada mercado. 
No todo el vino debe ser igual, pero, insiste, sí tener un mínimo de calidad. 


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