MIS RAZONES

Pilar Gómez


Marejada en La Moncloa

07/03/2020

Pedro Sánchez no quería un gobierno dentro de otro gobierno. De ahí sus reticencias a pactar una coalición con Podemos. ‘El 95% de los españoles no podría dormir’, recuerden la frase del presidente. Razón llevaba. A penas han transcurrido dos meses desde que tomó posesión, y el Gabinete social-comunista ya ha protagonizado roces y choques de toda índole. Algunos muy graves como el que han enfrentado, y enfrentan, a la vicepresidenta con la ministra de Igualdad.
El proyecto de la denominada Ley de Libertad Sexual, enunciado que apenas casa con el espíritu del Derecho, sino que suena más bien a consigna de barricada, desató choques y reproches. El titular de Justicia elaboró un informe, profesional e intachable, sobre el texto elaborado por el departamento de Irene Montero, donde impera el amateurismo. Ese texto se filtró a un medio de comunicación y estalló el estruendo. Machos, machitos, machistas y machotes. Llovieron los improperios e insultos de bloque morado hacia sus compañeros de Gabinete. Un estropicio.
Pero hay más. La titular de Trabajo, también podemita, tuvo que merendarse sus inauditas directrices sobre la actuación ante la epidemia del coronavirus y atender los dictados de Sanidad. Adriana Lastra ha echado el freno a Echenique y su empeño por abrir una comisión sobre los dineros del Rey emérito. Isabel Celaá también está en pugna con los podemitas a causa de su ley de Educación, en la que, al parecer, no se hostiga lo suficiente a los colegios concertados. Una tras otra. El pulso que no cesa. Los problemas que se abaten sobre España, y sobre nuestro ámbito geopolítico en particular, virus, crisis económica, inmigración, recesión, desempleo, son de tal cariz que resulta alarmante, y hasta escandaloso, que la cúspide del Gobierno se esté peleando por, entre otras menudencias, ver qué ministra se hace con el estandarte del feminismo. En esas estamos. Ese es el Gobierno que tenemos.