NOTAS AL PIE

Javier D. Bazaga


El arte de la guerra

Dicen que no hay mejor estrategia que dejar que el adversario sea el que cometa los errores. Así, sin forzar mucho. Que sea el contrario el que se tropiece y estar ahí, al acecho, en el momento exacto para asestar el golpe. A ser posible cuando está cayendo, que ya en el suelo no tiene gracia y te pueden acusar de hacer leña del árbol caído, o peor, de abusón. «La excelencia consiste en romper la resistencia del enemigo sin luchar»  dejó escrito el maestro Sun Tzu en su guía filosófica ‘El arte de la guerra’.
En el PSOE lo estaban haciendo muy bien, genial más bien. Claro que, también es verdad, lo tenían fácil. Se habían quedado prácticamente solos en la grada de la izquierda cuando se anunció a bombo y platillo el regreso del Mesías después de haber cambiado unos cuantos pañales. Por no hablar de las peleas internas.
No tenían más que dedicarse a contemplar la lucha que se producía en las gradas de la derecha. Y la escena era que tres partidos se estaban dando en un mismo espacio para ganar más sitio. Hasta llegaron a pedir a uno de ellos que se bajara para no entorpecer el juego.
No tenían más que sentarse a esperar. Disfrutaban de las palomitas mientras unos decían que si un muro con África, o que si en la prehistoria les cortaban la cabeza a los niños. Por no hablar de la regeneración democrática que intenta llevar a cabo el otro con ex altos cargos de otros partidos.
Y en este punto de la película, van y se tropiezan con el eslogan para la campaña electoral de las generales del 28 de abril. Un «Haz que pase» que se les ha vuelto en contra pidiendo clamorosamente «que pase y no vuelva». Pero menos gracia les hizo que la propia portavoz del Gobierno, Isabel Celáa, atribuyese la frase a una escena de la producción de James Cameron ‘Titanic’. Ese barco gigantesco que se hundió en mitad del Atlántico y que sirvió de tumba para cerca de 1.500 pasajeros. Puestos a ser sutiles que se hubiesen quedado con el título de la película sobre la caída de Hitler: ‘El hundimiento’. Rápidamente Celáa se esmeró en resaltar que lo «precioso» del eslogan era «la historia de amor» que se escondía en esa frase, y no el final de una película. Tarde.
Y en medio estamos nosotros. En mitad de la pista. En este mundo al revés que es la contienda en las gradas mientras nosotros les observamos desde la pista, peleándose por ganarnos a nosotros, a los votantes, por ganar nuestra confianza, nuestra estima, nuestros votos. En eso tenía razón Pedro Sánchez cuando dijo en esa presentación que «un voto puede decidirlo todo». Pero como también dijo Sun Tzu en su obra de referencia, «el éxito en la guerra se alcanza adaptándose permanentemente al propósito del enemigo».


Las más vistas