Javier Caruda de Juanas


La metáfora de Villalbilla

15/04/2021

Días atrás nos hacíamos eco de la caída de la techumbre de la iglesia de Villalbilla, pedanía perteneciente a Villar de Domingo García. La noticia es fiel reflejo de eso contra lo que intentamos luchar desde hace tiempo, la despoblación. Abandonada desde mediados de la década de los años 70 del siglo pasado, la Iglesia de Villalbilla se ha mantenido en pie hasta hace unas semanas mientras que le aguantaron las fuerzas, esas que le faltaron para poder aguantar los envites de la dichosa Filomena. Y esto me hace pensar que quizá la Iglesia de Villalbilla puede convertirse en todo un emblema de la pelea en la que, tristemente, nos vemos inmersos desde años atrás.  
Por más que anunciemos a bombo y platillo programas y actuaciones para corregir esta pandemia poblacional, la realidad es que, de momento, no conseguimos superarla. Quizá uno de los elementos que podrían servirnos para frenar el éxodo humano sería tener un servicio AVE que hubiera permitido fijar población. Pero la realidad es otra. Cada cierto tiempo contemplamos que la frecuencia diaria de trenes que paran en la Fernando Zóbel, digamos que varía. Si el primer tren que llega a Madrid lo hace casi a las nueve de la mañana ¿cómo es posible que se pueda compatibilizar trabajo en la capital del reino y la vida en Cuenca? Lo mismo ocurre si vivimos aquí y trabajamos en Valencia. Seguro que los responsables argumentarán que los números no cuadran pero precisamente es su obligación trabajar para evitar desigualdades. Y, de momento, el partido del transporte lo vamos perdiendo. 
Pero al igual que aún podemos contemplar en pie algún lienzo orgulloso de la iglesia de Villalbilla con la esperanza puesta en la imposible actuación restauradora, tenemos que seguir manteniendo nuestra confianza en el trabajo callado. A lo largo de pasados días se han anunciado la creación de algo más de dos centenares de puesto de trabajo durante los próximos meses. Sí, ya sé que necesitamos que se pongan en funcionamiento cuanto antes pero es una muy buena noticia que viene a tapar, de alguna manera, el descalabro laboral sufrido por el cierre inexplicable de Gamesa meses atrás. Rujamar, Vía Agora, Centro de dependientes y Campus sport son el nuevo flautista de Hamelin al que seguir en búsqueda del despegue económico de esta ciudad. No será sencilla la espera pero, si lo anunciado llega a buen puerto, permitirá dar un pasito más en el manido tema de la despoblación. De todas formas, aunque es una buena noticia no es suficiente.
Y todo esto en medio de una semana en la que hemos vuelto a la fase tres. De nuevo afectada la hostelería, la cultura, los centros socio sanitarios… Seguro que el descontrol transmitido en la pelea contra el Covid ayuda a este incremento pero también la relajación en la aplicación de las sencillas medidas que todos y cada uno tenemos que adoptar.
Es el momento de seguir trabajando para conseguir derrotar a las diferentes pandemias que asolan esta ciudad. Hoy hemos hablado de la pandemia laboral y la pandemia Covid-19, seguramente habrá otras, afrontémoslas como aguantó los golpes del tiempo la iglesia de Villalbilla. Eso sí, ojalá el resultado sea diferente.