TERCERA SALIDA

Jesús Fuero


La mujer chiquita, lo mejor

16/06/2020

Yo, que hablo de leídas hoy, quiero hablar de la mujer pequeña, y en esto saldré mal parado, pues siempre apunté a la alta. Al leer a los expertos del pasado me doy cuenta de mi ignorancia, que del amor que presumo no se habla en esta jornada. De las damas para el gusto / para el contento y sabor, / la chiquita es la mejor. / Para la amorosa llama / la chiquita es una centella, / que suele el hombre tenerla / y no hallarla en la cama, / y con esto más se inflama / el más cobarde de amor: / la chiquita es la mejor. Fuera, pues, parecían decir las lenceras del Victoria´s Secret, ni ángeles ni na las que sólo son hoy un cosmético para la sociedad de lo aparente. Hoy hago un desfile benéfico de las esencias, que ya se decía: "En pequeña jerigonza yace gran resplandor, y en la dueña pequeña yace grande amor. Es pequeño el grano de la buena pimienta, pero más que la nuez conforta y calienta, así dueña pequeña, si todo amor consiente, no hay placer del mundo en ella no sienta".

En el diamante rosa hay color y en el oro un trocito tiene gran valor. La esencia del alquimista son unas gotitas que perfuman una mansión. Chica es la alondra y chico el ruiseñor, pero su canto es más dulce que cualquier ave mayor. La mujer no porque sea es chica es mejor, es que la mejor miel viene de la pequeña flor. Es la mujer pequeña terrenal paraíso, es consolación, solaz y alegría, placer escuchar su bendición. Siempre he escuchado a las mujeres chiquitas, y aunque no soy buen oidor, sé que es mejor del mal tomar lo menos, que así lo dice el sabio, que de las mujeres la mejor es la menor.

Aristóteles prefiere la hermosura de la mujer alta, pero admite que otros opinan lo contrario, ya que comparan su pequeñez corpórea con otros milagros de la naturaleza, que, sin bien pequeños, resultan bellos. Decía San Agustín persuasivamente que el artificio de Dios es asombroso, ya que logra dotar de las mismas capacidades del cuerpo grande al cuerpo pequeño, pero queda claro que no considera que los animales pequeños sean necesariamente bellos, aunque resultan sorprendentes por la eficacia práctica de sus corpezuelos.

Pequeña es la joven que escapa de la niñez. Pequeña es la abuelita que con un dulce, o un arrullo, nos recibía siendo niños. Ella era la que íbamos a ver cuándo buenos mozos y mozas fuimos, y siempre de ella mucha sabiduría se escapaba, mucho caudal de ternura la que en ellas, frágil vasija, estaba depositada. Mas ahora todo cobra un nuevo designio, ahora que llevamos a nuestros hijos a ver a esa madre, que pareciendo tan frágil ha sido capaz de traer hijos al mundo. Un gentil hombre casado con mujer muy chiquita, decía: Del mal, lo menos. La "bella" del Arcipreste, necesariamente bajita, era una verdadera centella en la cama. ¡Del mal lo menos! La dueña pequeña de Juan Ruiz probablemente era tan buena para la cama que termina por conquistar la mesura del poeta.

Dios crea animales pequeños de cuerpo, pero de agudos sentidos, y los vivientes admiramos con mayor estupor la agilidad de la mosca que vuela, que la magnitud corporal del burro que anda. Contemplamos con más sorpresa las obras de las hormigas, que las cargas pesadas soportadas por los mulos. Hay más milagro en las cosas pequeñas que en las grandes, ya que la pequeñez disimula cualquier defecto que sería un desastre en un cuerpo grande, y sin embargo puede matar. Un fandango decía: Ni los corregidores / tienen poderes / para los ojos negros / de las mujeres. Y algún que otro regidor encumbrado ha sucumbido a las begoñas en flor, y mal nos va por no haberse fijado en las miosotis y siempreniñas que bullían a su alrededor.

Ahora presenta batalla en este campo alguien coronado al que llaman un virus, y no parece invento de mujer el asesino Covid, que todo lo que oigo son nombres de hombres que también se han vuelto asesinos. Un virus que avanza mientras de la mujer pequeña hago alabanza, aunque me gusten las grandes, blancas como el sol, con mejillas de rosas recién cortadas, dientes de marfil, labios de coral, cuello de alabastro, manos de leche, llenas de gracias que cualquiera puede juzgar a simple vista. Si bien es verdad que, si es así, aunque sea algo pequeña de cuerpo me da igual.