Tiempos de swing

Sonsoles Arnao


Sinsentido y desprecio

05/10/2020

Imagínate que a la hora de decidir sobre las restricciones de movilidad y actividad en los distintos sectores laborales, el gobierno permitiera trabajar a los pintores que pintan el interior de las viviendas pero no a los que pintan fachadas, a los albañiles que están tabicando pero no a los que apuntalan encofrados, o a los barrenderos de edificios pero no a quienes barren las calles. Esto es absurdo ¿verdad? Un sinsentido. Pues algo así es lo que ha hecho el gobierno de Castilla-La Mancha con quienes ejercen el comercio en nuestra región. En aquellas poblaciones con mayor nivel de contagios se ha decretado el cierre de mercadillos impidiendo a los vendedores ambulantes ganarse la vida. Mientras se mantienen abiertos tanto los negocios en grandes superficies como en el comercio de proximidad. Y el sector de la venta ambulante ha dicho que hasta aquí llega. Después de ser uno de los primeros en sufrir el confinamiento y uno de los últimos en volver a la normalidad, ahora, con los rebrotes vuelven a cerrarles el paso de una manera bastante ilógica, incongruente y desigual. Y el jueves pasado Page les tuvo que oír. Lo que no sabemos es si les hará caso. Una buena representación se manifestó hasta las puertas del Palacio de Fuensalida exigiendo poder trabajar en condiciones de igualdad. Algo inusual ya que no son un colectivo tradicionalmente organizado ni movilizado. Más bien acostumbrado a ser invisibles para las administraciones. Ya no aguantan más y además se sienten despreciados porque no entienden que siendo ellos un comercio con más posibilidades de modificar las condiciones para asegurar mayor precaución e higiene sanitaria, se les esté maltratando así. Han reclamado al Presidente regional que les escuche y atienda sus reivindicaciones pero Page les ha dicho que la responsabilidad la tienen los ayuntamientos. Son los propios ayuntamientos los que aseguran a los vendedores que ellos solo cumplen con normas superiores. Es decir, que se pasan la pelota unos a otros y encima les toman el pelo. 
Los mercadillos son grandes superficies al aire libre de pequeños comercios, con epígrafe 663 del IAE «Comercio al por menor fuera de un establecimiento comercial permanente»; cumplen con las normas sanitarias exigidas, pueden ampliar distancias o cambiar ubicación. Además, la inmensa mayoría de mercadillos de Castilla-La Mancha se implantan en municipios pequeños, donde hay mucho arraigo del vendedor con el pueblo y los vecinos y vecinas, donde prácticamente no hay aglomeraciones y en los que cumplen un servicio importante acercando los productos a la gente, sobre todo a esa población mayor, que a veces está sola y aislada, que puede comprar ropa, calzado, menaje del hogar, sin tener que viajar a la ciudad. Algo que por cierto, se tendría que tener en cuenta en tiempos de COVID. 
Las administraciones deberían consensar y ordenar la práctica de este sector sin discriminaciones ni arbitrariedades. Ahora mismo, los vendedores ambulantes pueden ejercer su actividad en Madrid, Extremadura o Teruel, por ejemplo, pero no en Castilla-La Mancha. Hay Alcaldes que han cerrado el mercado en su totalidad, otros que solo permiten productos esenciales y otros que deciden quien entran y quien no, cual cacique de turno. Por ejemplo, solo para empadronados de una misma provincia. Esta situación es insostenible. Soy hija de dos currantes de este oficio al que le han dedicado toda una vida, y quienes lo conocemos de primera mano sabemos de las dificultades, la precariedad y la inseguridad con la que se ejerce. También de la solidaridad y el apoyo mutuo. Por eso creo que esa unión y movilización que ha hecho visible a los vendedores y vendedoras ambulantes es un paso importante para conseguir sus reivindicaciones. Todo mi apoyo.