LA PLUMA CONTRA LA ESPADA

José Manuel Patón


Los arruinados

23/09/2020

Para los arruinados de esta y otras aventuras económicas de la vida existe lo que se llama el concurso de acreedores. Pero no vaya a pensarse el lector que el concurso solo vale para las empresas potentes, también vale para los autónomos, pequeños comerciantes e incluso el típico trabajador que ha pedido o usado la visa con más aire del que debía, y hoy no puede pagar sus deudas y le embargan la casa. El concurso de acreedores está pensado en beneficio de los acreedores de manera que el típico ágil y espabilado abogado que le embarga a uno la casa por una deuda, -o el coche o lo que sea-, debiendo más dinero que esa sola deuda, si el embargado o el deudor, que ya digo que puede ser desde clásico fontanero o el repartidor de pan, puede poner el asunto en manos de la justicia de manera que todos los acreedores cobren por igual.
Hay una institución que se creó en tiempos de Rajoy y se ha desarrollado también en tiempos de Sánchez donde una persona se presenta en concurso o en otra institución que se llama mediación, y que lo que no pueda pagar con sus bienes queda libre de toda persecución económica. Se llama exoneración del pasivo insatisfecho. Es decir, le perdonan el resto de las deudas, si no lo ha hecho más que una vez en 10 años y no ha mentido respecto de sus bienes y de sus deudas. A eso hay que añadirle que es una institución que protege a los pequeños deudores, y para eso está pensada, pero que no protege a los que hayan sido condenados por alzamiento de bienes y otros requisitos más profundos que aquí no puedo explicar por el parco artículo que escribo.
Por tanto, si usted debe dinero a varios deudores, no tiene manera de pagarlo, si alguno de ellos le ha embargado su casa o su coche u otros bienes, y quiere usted arreglar la situación creada primero por la crisis tan profunda que sufrimos en el 2008 en adelante y luego por el coronavirus, la justicia ha pensado en una solución para que se reinserte en la vida social y pueda seguir trabajando sin que le embarguen el sueldo o lo que facture como emprendedor en el futuro.
La verdad que la institución está muy bien pensada, pues protege en la medida de lo posible a los acreedores y revive a quien con ganas de trabajar quiere seguir teniendo una pequeñita empresa para dar de comer a su familia.
Solo tiene que ponerse en manos de un abogado que entienda del asunto, ser honrado diciendo cuantos bienes tiene, cuantos acreedores tiene y cuanto debe, y acudir o a un abogado o a un notario que se saben perfectamente los pasos a dar para rehabilitarse y seguir creando riqueza y salvando su futuro patrimonial, y si no lo hace, está condenado a continuar siendo perseguido por sus acreedores en  juicios, e incluso por el cobrador del frac y otras empresas del estilo.
Al igual que la ley se ha suavizado con el tema de los desahucios y se ha endurecido con el tema de los okupas, si usted está hasta los ojos de deudas, ahí está la solución.