NOTAS AL PIE

Javier D. Bazaga


La otra enfermedad

18/09/2020

Ya saben aquello de que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra, ¿no? Y tres si se lo propone. El filósofo Jorge Santayana lo expresó de manera más pragmática, a la vez que existencial: «Quien olvida su historia está condenado a repetirla». Pues bien, ahora terminen ese sorbo de café y párense a pensar qué es lo que hemos aprendido desde marzo; qué historia hemos olvidado, y qué piedra es la que nos impide progresar para que el país esté de nuevo en alerta, para que Madrid se esté planteando la reapertura del recinto ferial de Ifema como hospital de emergencia frente a la Covid-19, o que en determinados puntos de la región se esté volviendo a dar la transmisión comunitaria.
Me imagino al ministro de Sanidad, que tanto ha apelado a la responsabilidad colectiva de los españoles, pero sobre todo a la responsabilidad individual y al sentido común, dándose de cabezazos contra la pared viendo de nuevo las cifras de algunas comunidades autónomas disparadas. Y, ¿qué me dicen de Fernando Simón? ¿Volviendo a hablar de doblegar la curva ante una escalada de contagios descontrolada?
Ayer Castilla-La Mancha abrió algún que otro informativo nacional por este asunto. ¿Los motivos? La cantidad de casos registrados en Guadalajara, el confinamiento de Bolaños de Calatrava en Ciudad Real, o la situación de nuevo a punto de desbordarse en el hospital de Toledo. En Madrid más de lo mismo, con la atención primaria al borde del colapso, colas en los centros de salud, y nadie o casi nadie que coja el teléfono para atender los casos sospechosos.
En resumen, hemos vuelto a poner a nuestros sanitarios y a los trabajadores de los servicios esenciales contra las cuerdas. Y he dicho bien: hemos vuelto a ponerles en esa situación nosotros. No ha sido el virus. Ni si quiera ha sido la vuelta al cole, con miles de niños que están demostrando mucha más responsabilidad y conciencia con el problema que muchos de nosotros.
Pero no, toda la culpa no es nuestra. Siguen faltando medios con los que dotar a los profesionales sanitarios. Siguen faltando pruebas que hacer de manera masiva a la población para controlar los casos. Siguen faltando rastreadores para poder seguir los contagios y cortarlos de inmediato. Pero lo más importante, sigue faltando voluntad de acuerdo político para que todas las administraciones se pongan de acuerdo y dejen de utilizar el virus como arma arrojadiza. Ya sea entre comunidades autónomas, como entre comunidades y el Gobierno central. Lo que se ve cada miércoles en el Congreso de los Diputados ya no tiene remedio. Pero lo visto esta semana también en el seno de la propia Comunidad de Madrid, hablado de «confinamientos selectivos» primero, para matizar después a «restricciones de la movilidad», ha dejado a la población aguantando la respiración. Hemos puesto todos nuestros esfuerzos y esperanzas en la vacuna contra el virus. Cuando la tengamos, sugiero que nos pongamos a trabajar en aquella que cure la miopía política.