TIEMPO MUERTO

Diego Izco

Periodista especializado en información deportiva


Este Neymar

15/04/2021

Si a un jugador le eximes de la mitad del trabajo que debería hacer (defender) es para que en la otra mitad (atacar) marque las diferencias. Es el punto de partida que explica la longevidad deportiva de tipos como Messi o Cristiano, que hace tiempo que limitan sus obligaciones defensivas a presiones esporádicas y carreras de las que lavan la conciencia cuando son ellos los que originan una pérdida… y pueden hacerlo porque compensan sobradamente esa ausencia con una arrolladora presencia ofensiva: nadie ha marcado más goles que Cristiano, nadie ha generado más (gol más asistencia) que Messi.

¿Y Neymar? Pues este Neymar está exento de la 'cosa' defensiva desde que aterrizó en París con vitola de figurón a cambio de 222 'kilos' y un sueldo estratosférico, olvidando que los dos genios del párrafo anterior se ganaron su derecho a 'vaguear' sobre el césped y no en una negociación millonaria de despachos. Apuntaba alto-altísimo, claro, pero el muchacho apenas tenía 25 años cuando lo reclutó el PSG: una edad a la que 'aquellos dos' seguían corriendo adelante y atrás para satisfacer el hambre de fútbol (y no sólo de protagonismo) que tenían.

Cuatro años después, ya con 29, de cuando en cuando demuestra al mundo qué hubiese sido de haberse tomado el juego más en serio. «La categoría de tu enemigo habla de tu categoría como luchador»: lo que hizo el martes se lo hizo al Bayern. Un festival de fútbol ofensivo, de arte con la pelota y con el espacio, de amagos y realidades que sucedían mucho antes de que el defensor pudiese reaccionar, de disparos envenenados a los que les faltaron un par de centímetros para sellar una actuación inolvidable, prodigiosa… el tipo de actuación que te permite mirar a los ojos al entrenador y él, sólo con la mirada, te está diciendo: «¡No bajes, no bajes! Tú sigue haciendo eso».