LA MAREA

Antonio Pérez Henares

Escritor y periodista. Analista político


La batalla de Madrid

16/03/2021

La semana pasada fue un serie ininterrumpida de sobresaltos, disparates y ocurrencias. Y esta ha empezado de la misma manera. Al lio no podía faltar el perejil de todas las salsas y de golpe, ayer, Iglesias, saltó al escenario en una pirueta que puede ser muy vistosa pero que también puede significar su sepultura. La batalla de Madrid adquiere, aún más todavía, una rotunda y estratégica dimensión nacional

Pero vayamos por partes. La cosa empezó con la presentación de una moción de censura de Ciudadanos en Murcia contra sus hasta ese minuto socios de gobierno. La traición murciana fue velozmente contestada, al ver la barba del vecino remojar, por Isabel Díaz Ayuso en Madrid con la convocatoria de elecciones autonómicas e intentada detener a trompicones por la izquierda con sendas mociones de censura. El estrambrote añadido fue que encima la traidora moción murciana era a su vez traicionada y se iba al garete.

La maniobra de la izquierda en Madrid, de Errejón y Gabilondo, descarrilaba en lo que era, amén de un fraude de ley supino: una atolondrada estupidez política y pegarse un tiro en el pie como pistoletazo de salida de la campaña. Tras el sartenazo del Tribunal Superior de Justicia, Gabilondo y Errejón, van a cojear por ello durante toda la campaña pues amén de haberle dado de inicio a la presidenta una victoria notable añade, al haber intentando privar de voz, o sea de voto a los ciudadanos, el patético retrato de una izquierda asustada ante las urnas.

El tribunal, compuesto en esta ocasión por cuatro magistradas, no solo ha votado sino que por unanimidad ha emitido un dictamen demoledor sobre la pretensión de paralizar los comicios. Pero es que no podía ser de otra manera pues la sencilla, evidente y documentada verdad impedía otra cosa por mas retorcimientos leguleyos que se interpusieran.

El decreto de Gobierno de disolución y convocatoria había tenido lugar antes que la desalada presentación, ademas como respuesta a tal hecho, de las mociones y precisamente para intentar evitarlo. Todo el vocerío tertuliano y de expertos a la carta no podía tapar la simple y sencilla realidad. Las mociones se registraron una hora después de haberse acordado, firmado, comunicado y ordenado la publicación de la disolución de la asamblea y la llamada a las urnas.

Esos eran los simples y sencillos hechos y todo lo demás era farfolla. Pretender continuar ahora con la matraca tan solo conseguirá añadir pus a la herida. Gabilondo parece haberse dado cuenta y querer dejar la andada. Pero ya saben lo que decía Einstein de la estupidez humana. Que era, el universo estaba más en duda, infinita. Que no conoce límites, vamos.

La batalla de Madrid, que nadie piense ganada por un lado, la derecha, ni perdida por el otro, la izquierda, a pesar del costalazo que se han metido, se incardina además en una guerra generalizada en el conjunto del centro derecha. Una guerra desatada y eso es lo inaudito por una estupidez quizás aun mayor, la de la todavía dirigente de Ciudadanos, Inés Arrimadas. Su ocurrencia, tras meses de arrimones al caudillo Sánchez y un terrible y doloroso descalabro en Cataluña consideró que tomar Murcia con tropas socialistas era la forma de resucitar y se ha convertido en la peor y mas miserable forma de suicidarse y quedar, nunca mejor dicho, como Cagancho en Cartagena.

O Aguado en Madrid, que viene a ser lo mismo. Que menudo papelón el del mozo. Apuntaba maneras, cierto, pero ya esto último es de cortarse la coleta para los restos. Rematado por saberse que el también quiso apuntarse a las mociones aunque luego se trasconejó y prefirió el disparar desde la Mesa de la Asamblea utilizándola de manera torticera. E inútil. Aguado es ahora el candidato soñado por Ayuso porque es peor que cualquiera, aunque anduviera de paso.

Sin embargo, la cuestión central en este caso no está en su persona sino en Arrimadas cuya situación es tan crítica, que cuando ustedes lean esto pudiera haber pasado ya a cadáver político sepultado, porque pulso ya no tiene ninguno. Su finta de pretender aupar a su lado a quienes abjuran de sus decisiones es un movimiento tan espasmódico como el sacrificar a sus acérrimos para intentar salvar su propio pellejo. Su dimisión inmediata. Que no se ha producido.

En esas estábamos ayer lunes y aquí hubiera concluido este articulo. Pero Iglesias quería salir en todos los telediarios. Se vistió de salvador de la izquierda madrileña, anunció el abandono de la vicepresidencia y su candidatura, que entre otras cosas intenta también una venganza, contra Errejón en este caso. La entrada en el escenario espectacular ha sido. Pero tiene un recorrido peligroso y el resultado puede ser el mismo que el de la pirueta de Arrimadas. Amén de que, aunque el anuncie uniteralmente en el gobierno, habrá que ver que dice Sánchez. En suma, que la ha liado parda, sin duda. Pero liarla no es sinónimo de éxito sino que puede significar que te echen del bar a patadas. Por el momento desde luego hay algo que si ha conseguido. Muchísima gente, incluso en sus socios de gobierno, esta muy contenta de que haya dejado de ser el vicepresidente del Gobierno de España.