Editorial

La vacuna contra la COVID-19 y la importancia de la investigación

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El Ministerio de Defensa de China anunció ayer que comenzará a inocular una vacuna recombinante contra el coronavirus a sus tropas con el fin de probar su efectividad. Una empresa de Tianjin, la compañía CanSino Biologics, culminó la fase de experimentación con éxito y mantiene que su vacuna «es segura y algo eficiente». El proceso fue desarrollado por expertos del Instituto de Biotecnología de la Academia de Ciencias Médicas Militares, en colaboración con CanSino Biologics, liderado por un grupo de investigadores chinos formados en Canadá.
Hace cuatro meses, comenzó una frenética carrera para conseguir una vacuna efectiva con la que tener una herramienta efectiva contra el Covid-19 y poder recuperar la normalidad lo antes posible. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), hasta la semana pasada había 17 vacunas candidatas contra el coronavirus en evaluación clínica y 131 más en etapas preclínicas. Las grandes potencias mundiales, sobre todo China y Estados Unidos, libran una pugna por ser los primeros en conseguir la ansiada vacuna, en una carrera similar a la que se produjo por ser la primera nación en pisar la Luna allá por los años 60 del siglo pasado.
La vacuna es la piedra angular en la que basar la recuperación social y económica mundial en los próximos años. Su creación es el principal objetivo de todos los Gobiernos, aunque las potencias antes mencionadas tienen ventaja al contar con mayores recursos económicos y humanos para conseguirla. Ahora, salen a la luz las carencias en investigación que se llevaron a cabo en la última década.
Ningún Gobierno avanzado que se precie debe ni puede prescindir de la investigación científica, porque es una de las claves para mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos. El caso de España es de los más claros del mundo. Los mejores investigadores españoles trabajan desde hace años en los más prestigiosos institutos y universidades del mundo y muchos de ellos aportan una I+D+i fundamental para el mantenimiento de la posición de superioridad de las potencias mundiales. Fuera de nuestras fronteras son reconocidos, mientras que en su país son ninguneados con sueldos mileuristas que sólo les permite sobrevivir mes tras mes con una espada de Damocles siempre encima en forma de recorte de presupuesto para sus proyectos.
A pesar de esta situación, España conserva hombres y mujeres de valía en los laboratorios, pero no puede competir con las grandes potencias mundiales, que fueron más hábiles para atraer el talento y aprovecharse de él en su beneficio.
Ahora, la lucha por la vacuna del coronavirus está en su fase decisiva y toda la Humanidad depende de los logros de esos científicos, sean de la nacionalidad que sean.