Un fichaje 'in extremis' que tensa la relación entre Cs y PP

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La formación naranja recrudece su ofensiva para tratar de pescar en caladeros de votos 'populares'

Golpe de efecto de Ciudadanos que, a medio plazo, tendrá que ser validado en las urnas, entre otros aspectos por su dudosa calidad democrática. El movimiento, sobre todo por lo sorpresivo (no lo sabía ni su círculo más cercano) y por producirse en vísperas de las elecciones generales, deja noqueado al Partido Popular de Pablo Casado que no fue ni mucho menos el primero en enterarse de la jugada, o más bien lo hizo por la prensa. Ángel Garrido, uno de los rostros más reconocibles de la escena política madrileña, anunciaba cerca del mediodía de ayer su fichaje por Ciudadanos para ir de número trece a la Comunidad de Madrid con la formación naranja. Garrido había asumido resignado ir de cuatro a las europeas bajo el liderazgo de Dolors Montserrat después de que Casado le cerrará las puertas de Madrid, comunidad de la que fue presidente, una decisión cuyas consecuencias se hacen ahora visibles. Garrido, crítico en tiempos no muy lejanos con su nuevo partido, se une a los Bauzá, en Baleares, o a Clemente y Soraya Rodríguez, estas últimas en Castilla y León, en maniobras más propias de las frenéticas horas de cierre de mercado en el ámbito deportivo. De hecho, desde fuentes de la dirección de Ciudadanos lo acertaban a definir como una «mascletá» en toda regla, «un petardo gordo al final».
Lejos del acercamiento promovido antes del arranque de la campaña electoral por el propio Albert Rivera para alcanzar un pacto postelectoral con el Partido Popular, Ciudadanos ha recrudecido su ofensiva para pescar en caladeros de votos 'populares'. Así se explica la agresividad exhibida por el líder liberal contra Casado en los dos debates televisados, un enfrentamiento entre derechas que permitió a Sánchez salir casi indemne de los mismos. El liderazgo de la facción conservadora está en juego y el ‘sorpasso’ que hace un tiempo se preconizaba de Podemos al PSOE se ha trasladado a la relación electoral entre Ciudadanos y Partido Popular, con la incógnita del resultado de Vox más que presente. Todavía contrariados, eran visibles, tras conocer la noticia, los esfuerzos de los 'populares' por atenuar el daño rebajando la repercusión en las urnas de la decisión de Garrido.
El electorado asiste a un escenario poco visto con anterioridad. Se ha normalizado el baile de siglas de los candidatos que hasta hace no mucho se contemplaba como un ejercicio reprobable de transfuguismo. La jugada de Ciudadanos no es del todo ejemplar y pone sobre el tapete una política que antepone el efectismo electoralista. Garrido anunciaba su decisión todavía como militante del PP, donde ha permanecido tres décadas, y presente en el BOE como número cuatro a las europeas. Está por ver cómo asume el electorado una maniobra que puede naufragar entre lo oportuno y el exceso de oportunismo y que, en ocasiones, solo pone en cuestión la credibilidad de quien la protagoniza. Esta nueva calabaza camino de las urnas no sentará bien en las filas de Casado pero está por ver si este inesperado cambio de siglas sobre la bocina tiene una repercusión positiva para sus promotores.