Tiempos de swing

Sonsoles Arnao


Pasión Constitucional

Si la cara es el espejo del alma a Pablo Iglesias se le está poniendo cara de hombre de Estado. O Vicepresidente, o Ministro, da igual, el caso es que estamos contemplando como el pragmatismo institucional impregna el discurso de Podemos, asumiendo la realpolitik que se avecina y llamado a cogobernar este país con el PSOE para abrir un tiempo, ya veremos si nuevo, al menos sí diferente en la gobernabilidad de España. Los abrazos están infravalorados. Esta metamorfosis la hemos visto sobre todo estos días de constitucionalismo barato con la efeméride del 6 de diciembre. Y es que resulta paradójico, después de aquello de «asaltar los cielos y superar el régimen del 78», que sean  precisamente los de «un nuevo proceso constituyente» quienes enarbolen la Constitución española del 78 como una trinchera.
Ya lo decía Keynes, «cuando las circunstancias cambian, yo cambio de opinión». Y Pablo Iglesias se explica también. No sólo con el argumento de la correlación de fuerzas y la dificultad de que el mensaje primigenio de Podemos se imponga ante la pérdida de poder y representación; sino por las circunstancias políticas y económicas que se avecinan. El escenario mundial y particularmente europeo, se mueve bajo impulsos autoritarios y filofascistas muy preocupantes. Con la ultraderecha ocupando un 25% de los escaños del Parlamento Europeo, Inglaterra empantanada con el Brexit y añorando su pasado imperial o su más reciente impulso globalizador, China y EE.UU. de guerra comercial, y España intentando formar gobierno, a las puertas de una nueva crisis económica, ¿nueva?, ¡cómo si hubiésemos salido de la anterior!
Con este panorama y la Constitución en la mano, el líder de la izquierda a la izquierda del PSOE, se muestra convencido de que habrá que ganar la batalla en la interpretación del texto constitucional, defender y preservar su articulado en los derechos sociales y laborales para crear un «cinturón de seguridad y proteger a las mayorías sociales de las inclemencias de la globalización». Siendo este un propósito obligado, existe el peligro de quedar atrapado en un mensaje y programa de gobierno conservador o poco ambicioso ante las amenazas de las fuerzas reaccionarias y la debilidad de la soberanía y la democracia nacional. Hace veinte años la socialdemocracia se abrazó al neoliberalismo para controlar el caballo desbocado de la globalización y acabó cabalgando hacia ningún sitio. Tomemos nota que aquí estamos dos décadas después, asumiendo e inoculando al personal que en los tiempos que vienen defender la Constitución Española será revolucionario.