MIS RAZONES

Pilar Gómez


La magnitud de la pesadilla

En la recta final de las negociaciones para la investidura, hay al menos una certeza. La actitud de Pedro Sánchez a lo largo de estas semanas, y lo que vendrá, supera con creces los límites de la infamia. Imposible mentir más, engañar más, a los suyos y a los ajenos, a sus votantes y a los de más allá. Es imposible encontrar un presidente de gobierno occidental tan palmariamente falsario. No ha cumplido con una sola de sus promesas.
Con Podemos no se podía pactar porque no eran demócratas, no podía entrar en el Gobierno porque el 95 por ciento de los españoles perecían de insomnio., sus dirigentes no dan la talla… CSus negociaciones con ERC, el partido del golpe de Estado, están superando el límite de la afrenta al Estado de Derecho y al respeto democrático.  Nadie ha llegado tan lejos como para sentarse a negociar en una mesa con el cerebro del plan sedicioso con el que se pretendía dinamitar el orden constitucional de todos los españoles.
Actua Sánchez con un desparpajo que abochorna, con una actitud desafían hacia todo aquello que respetan la mayoría de los españoles. Dicen en privado algunos barones socialistas que jamás esperaron que desde su partido se perpetraran tales afrentas. Dicen desde Moncloa que estamos en la fase del postureo, de las palabras y que hay los acuerdos no rebasarán las líneas de lo que señala la Carta Magna. Tal es el descrédito social del presidente en funciones que en su reciente rueda de prensa en Londres tuvo que comprometerse a que estos acuerdos estarán dentro del marco de la ley. Ta raquítica es la credibilidad de su palabra que tuvo que comprometerse a que no piensa delinquir. Es decir, a que no piensa saltarse los límites de lo que está legalmente establecido. Hasta ahí hemos llegado. Tal es el panorama al que se enfrenta España en uno de los momentos más delicados de su actual etapa democrática. ¿Qué se puede esperar de quien negocia con quienes pretende la voladura de nuestro edificio constitucional? Tal es la magnitud de la pesadilla.
Esta semana avanzará el esperpento. No hay signo alguno de que la deriva delirante de las negociaciones vaya a embarrancar. Todo lo contrario. Sánchez ya se frota las manos ante el escenario de una investidura jaleada por Frankenstein.