RATAS DE DOS PATAS

Ángel Villarino


Capitalismo

El comercio, la industria, el despacho, las explotación agrícola. La idea de crear algo desde cero, de trabajar para uno mismo, de levantarse cada mañana con la ambición de perseverar y construir una cosa que no existe hasta que alguien la imagina. La imagen del rancho a la puesta del sol en el medio oeste, de unos acres de terreno conectados a una carretera y un año para transformarlos en cualquier cosa que merezca la pena. Una fábrica de zapatos en Elda, una hotel con doce habitaciones en una playa de Istria, una tienda de ordenadores en Ponferrada. La ilusión de dejar la puerta abierta para que entre alguien, de ir creciendo lo que de tiempo a crecer en una vida. El pequeño capitalismo de siempre, el que funciona, el que calcula cada euro que se gasta, el que hecha raíces y establece afectos, el que además de generar riqueza, la reparte y acaba mejorando cuanto le rodea.
Y luego el capitalismo desnaturalizado de los titanes que no son nadie en concreto, los que reparten dividendos entre gente que ni siquiera entiende a qué se dedica y que de tanto especular se ha especializado en hacerlo con el precio del dinero. El de los recursos humanos y los márgenes financieros, el que se ha olvidado de Main Street en favor de Wall Street, el que no tiene ningún respeto por el suelo que pisa y le da igual trasladarse de un día para otro: cambiar de comarca, de provincia, de región, de país, de planeta.  El capitalismo low cost que tira precios y salarios, que conforma lobbies, revienta a proveedores y estafa a los clientes en call center externos atendidos por esclavos. El que se nutre de licencias y apretones de manos en palcos deportivos, el que vive de comprar voluntades y repartir favores, de maquillar oligopolios y llenar pizarras de eslóganes vacíos. Cuando discutimos de capitalismo sería conveniente establecer primero  de qué capitalismo estamos hablando.



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