RATAS DE DOS PATAS

Ángel Villarino


Dos años después, Casado

23/10/2020

Dos años ha tardado Pablo Casado en entender que la derecha populista es caníbal. Desde aquel Vistalegre del ocho de octubre de 2018 ha estado contemporizando su respuesta, poniéndose en lo mejor, tomando las medidas, copiando sus eslóganes más efectivos, lanzando globos sonda a ver si frenaba la sangría. ¡Ha llegado arrinconado y sin alternativa, como en una película de Rocky, pero por fin se ha despertado!
Quizá en Génova nunca se imaginaron lo que cualquier lector de prensa extranjera veía evidente: que su antiguo compañero de partido acabase transformando en una formación ultraderechista al uso lo que en principio era poco más que la vieja agenda económica ultra liberal y el conservadurismo de toda la vida, si acaso un pelín subido de voltaje. Era evidente que Vox acabaría echándose al monte según evolucionasen las encuestas. La transformación, de hecho, es casi de manual, convirtiendo un discurso que dejaba frío en un Frankenstein del odio, un pupurri de ideas que han triunfado en el extranjero, de Trump a Le Pen, pasando por los movimientos ultras del centro y el este de Europa. Queda claro que ya hay alguien en Vox que habla varios idiomas. Quizá sea Espinosa de los Monteros.
A  Casado se lo advirtieron desde media Europa y sus asesores pudieron ver como la bestia devoraba a  Ciudadanos hasta los huesos, alejando a todos sus votantes centristas. Quizá para siempre. No entendían el fenómeno, igual que el PSOE no entendió lo que significaba Podemos hasta que sorprendieron a Pablo Iglesias corriendo con la cartera del progresismo en dirección opuesta.
Es mejor tarde que nunca porque España necesita una derecha moderada y no una derecha rehén y abocada a ser fagocitada por el mutante. Mejor tarde que nunca porque Casado ha protagonizado su mejor mañana desde que tomó el mando y se le ha visto por fin cómodo. Rezumaba satisfacción al bajar de la tribuna. Quizá todavía no es tarde  para el PP. A lo mejor ni siquiera es tarde para él. Si estuviese en su pellejo, llamaría corriendo a Arrimadas.