ÁNGULOS INVERTIDOS

Jesús Fuentes


La pasión por la vida

17/05/2020

Había coincidido con Luis Pablo Gómez Vidales en diferentes momentos y distintos lugares. El arte es un reducto movible en el que siempre se juntan los mismos. Habíamos cambiado valoraciones sobre la ciudad, la sociedad, los pintores, los escultores, los ceramistas de la segunda mitad del siglo XX en Toledo. Sobre la intemperie en la que quedan sus obras cuando desaparecen los creadores. Su contribución, en un homenaje  a  Manuel Fuentes, consistió en una poesía humana, humanista, entrañable. Era, comentó con los ojos encendidos, lo mejor  que se le había ocurrido. Más tarde volvimos a encontrarnos en la Biblioteca Regional. Promovía un foro de debate denominado ‘Café para todos’ y pensaba que un buen refuerzo podía ser la Asociación de Amigos de la Biblioteca. Y, en uno de los sucesivos debates, quedamos para hablar de su obra, de su comprensión de la vida, una vez  jubilado.
Nos reunimos el 19 de junio del año 2019 en  un centro comercial del Polígono. Repasamos  los últimos  sesenta años. Como  muchos de su generación,  que sabían de otros ámbitos y otros mundos, había aprendido a pintar, a esculpir, y hacer cerámica en la Escuela de Artes y Oficios. Un templo cultural de una época desaparecida. Luego marcharía a Valencia y a Madrid para terminar volviendo a Toledo. Inspirador y fundador de la galería Tolmo –producto de la inquietud de Luis Pablo y de la ambición de Paco Rojas, confiesa en tercera persona– se convirtió en la única creación colectiva refulgente de los últimos años del franquismo y del posfranquismo. Tolmo empezó a formar parte de la ciudad como una institución laica en el ajetreo urbano. Después entró a trabajar en el Ayuntamiento de Toledo. Hasta aquí algunos trazos del ‘aguafuerte’ biográfico de Luis Pablo.
Su visión del mundo era descreída, desconsolada, pero sin admitirlo visceralmente. Se comportaba como un idealista, aunque ya sin la furia de tiempos pretéritos. Les suele ocurrir a los individuos que  quieren  cambiar la sociedad, mejorar a los humanos, transformar el interior de  hombres y  mujeres. Gentes que, cuando  descubren la condición humana en su contradictoria complejidad, se pasan al lado de un moderado pesimismo ilustrado. La mayoría lo enmascara o se desvanecen. Él no era de esos. Se sentía tan libre, o más, como  había soñado desde niño. Seguía siendo crítico, imaginativo, ilusionado, colaborador de cualquier proyecto que surgiera. Nunca se  iba a jubilar de su pasión por la vida, comentaría con ciertas dudas.