OLCADERRANTE

Fernando J. Cabañas


Masoquismo

26/05/2020

¡Que te mientan! Es más, ¡ser consciente de que alguien te ha mentido varias veces y saber que lo va a seguir haciendo de manera compulsiva, vocacional, viciosa, enfermiza y carente de escrúpulos! Me pregunto qué debe sentir aquél que sabe a ciencia cierta que alguien le está engañando y, peor aun, que tiene claro que esa actitud traidora no variará jamás. Siempre se consideró que una persona con ese perfil no era sino poseedor de la más aterradora bajeza moral imaginable y que cuanto más aire corriese entre él y uno mismo, de más salud física, económica o emocional se disfrutaría. Pero a pesar de lo que el sentido común sentencia, son muchos los que en ocasiones perdonan al que les ha engañado convencidos de que ya no se reirá más de ellos. Lamentablemente, pocas son las ocasiones en las que un ser vil, de esa calaña y cata moral, cambia. Si se le perdonó una vez, qué le impide pensar que esa gracia le será otorgada mil veces más. Ciertamente, hay gente con debilidades extremas, estómagos revueltos difíciles de aliviar o pachorra a prueba de bombas que prefieren el bofetón conocido a un nuevo abrazo que temen que nadie les llegue a dar. Pobres. En estos tiempos que vivimos no me siento engañado. Para ello debería haber dado previamente mi apoyo a quien hoy miente. Desde siempre, en mi caminar me he alejado de quien no acredita una personalidad amasada con coherencia, dignidad, honradez, cultura, inquietud, honestidad, humanidad y capacidad de diálogo. Pero en estos tiempos, en los que se premia al gandul y no al trabajador, se eleva al mediocre por encima del emprendedor, se saca más tumbado a la sombra que trabajando a pleno sol, se confía más en la suerte que en el esfuerzo… ¿qué cabe esperar salvo que se premie al embustero? Miro a mi alrededor, aterrado, y viendo lo que hasta el más ignorante percibe, no siento sino terror ante tanto masoquismo.



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