DESDE EL ALTO TAJO

Antonio Herraiz


Caramelo envenenado

No hace tanto, escribir sobre el resultado electoral un viernes después de las elecciones quedaba demasiado antiguo. Eran los tiempos en los que imperaba el bipartidismo, cuando la misma noche electoral quedaban despejadas las opciones para formar Gobierno. Ahora todo lo que escribas puede quedar viejo al minuto; no porque se vaya a cumplir una semana desde que fuimos a votar, sino porque los actos de la obra de teatro que han montado se sobreponen unos con otros. 
Enmarquen en el ámbito de la escenografía el «no» que le ha dado Esquerra al PSOE en la primera toma de contacto. Hay que ser ingenuo para pensar que los separatistas se iban a echar en los brazos de Sánchez a las primeras de cambio. Toca vestir el muñeco convenientemente y el acuerdo llegará cuando hayan ahormado bien el relato. En la otra orilla, el viraje de Sánchez es evidente. A partir de ahora, nada de palabras gruesas contra los independentistas como las que pronunció en la campaña. Es mucho más conveniente convencerles con eso del diálogo, que siempre queda bien. Cuando Sánchez habla de dar una solución política a lo que está pasando en Cataluña, ¿está reconociendo que lo que existe es un problema estrictamente político? Por saber alguna pista de lo que pueden hacer con los condenados por sedición y malversación de fondos públicos. 
Si por Rufián fuera, el acuerdo estaría ya firmado, casi con la misma prisa que se dieron el martes Pedro Sánchez y Pablo Iglesias. Eso sería pegarse un tiro en el pie ante su parroquia, que desde que se publicó la sentencia les está haciendo el trabajo más sucio. Por eso mantienen el no hasta que el PSOE no abandone «la vía represiva». ¿Acaso es represión permitir que los radicales tomen el aeropuerto de El Prat? ¿Qué hay de represión cuando dejas que te ocupen la Universidad o no impides el corte del paso fronterizo de La Junquera desde el primer minuto? 
Los republicanos van a tener que dar muchas explicaciones y en el PSOE se tragarán el sapo casi sin masticar. En Castilla-La Mancha, que es lo que tenemos más a mano, Emiliano García-Page ya ha comenzado a elaborar el argumentario a seguir. La abstención de los separatistas, «no supone necesariamente depender de ellos», sostiene Page. Y si mi abuela hubiera tenido una moto, habría sido motorista y no mi abuela. Esa justificación es la misma que hemos visto en Navarra después de que la socialista María Chivite llegara al poder gracias a la abstención de BILDU. Los proetarras no ocultaron su victoria: «No somos una fuerza irrelevante, tenemos la llave para cerrar o abrir puertas». En este caso, la abstención de ERC tampoco les va a salir gratis, por mucho que diga el presidente regional que «la Constitución no admite ni trocear la soberanía nacional, ni cuestionar la unidad de España, ni el derecho de autodeterminación». 
Con los antecedentes más cercanos, no me apuesto ni un euro a que los republicanos se van a abstener. Será al final del primer envite y después de presentarse como victoriosos. Ese será el primer paso para una caída en picado de los socialistas. Llegado el momento, no descarten que Emiliano García-Page acuda a recoger los restos del naufragio si es que le conviene. Su padre político Bono se postuló sin éxito para llevarse las cenizas que dejó Almunia y no es improbable que el alumno más aventajado vaya a hacer lo mismo, una vez que Sánchez termine de hundir definitivamente el barco. Para eso queda todavía mucho tiempo y, hasta entonces, el presidente de la Junta se pondrá todo lo de perfil que pueda. «El envoltorio está bien, pero aún no tenemos información suficiente para saber cómo es el caramelo». De sobra lo sabe Emiliano, aunque en público no lo quiera decir. Ese caramelo viene completamente envenenado.