Isaías Lafuente

CRÓNICA POLÍTICA

Isaías Lafuente

Escritor y periodista. Analista político


Consejos vendo

15/05/2021

El alcalde de Madrid, José Luis Martínez Almeida, se ha reunido con el presidente del Atlético de Madrid y le ha advertido de la inconveniencia de que el equipo y los aficionados celebren en Neptuno un eventual triunfo del equipo en la Liga. Desconocemos si ha hecho lo propio con Florentino Pérez, presidente de un club que, aunque necesite un tropiezo de los colchoneros, aún puede lograr el campeonato. Arguye el alcalde razones de responsabilidad y moderación para no pasear la alegría y la emoción a las calles provocando encuentros multitudinarios que podrían ser foco de contagios. Y no podemos estar más de acuerdo. La pandemia aún está lejos de remitir, el virus está aún muy activo, y a pesar de la aceleración en el proceso de vacunación, el número de contagios es aún muy elevado y sigue provocando una preocupante presión hospitalaria, especialmente en Madrid. Así que parece sensato celebrar la alegría en la intimidad y posponer una merecida celebración colectiva para cuando el horizonte sanitario esté más despejado.

Lo que resulta chocante es que este llamamiento a la responsabilidad y a la moderación en la celebración de la victoria venga del portavoz de un partido que festejó con estruendo la victoria en las elecciones autonómicas del 4 de mayo, en una de las céntricas calles de la ciudad que tiene la responsabilidad de dirigir. Una celebración nada espontánea, perfectamente diseñada con gran despliegue de medios para aguardar la espera colectiva, y en la que él mismo participo.

Una fiesta callejera que se prolongó durante horas desde que los primeros sondeos apuntaban la arrolladora victoria de Ayuso hasta que apareció en el balcón. Una concentración, en fin, que se produjo cuando el estado de alarma estaba aún vigente. Y claro, es muy difícil entender las razones de esta responsabilidad asimétrica que obliga a un aficionado del Atleti, pero no a un afiliado o votante del PP; que concierne a los directivos de un club pero no a los dirigentes de un partido, que habilita una calle o cierra una plaza según sea la naturaleza de la celebración. O tiene poca memoria o tiene mucha cara para dejarse guiar por el viejo precepto que dicta: consejos vendo que para mí no tengo.



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