José Luis Muñoz

A SALTO DE MATA

José Luis Muñoz


En la despedida de Enrique Domínguez Millán

30/04/2021

Como el destino suele gastar bromas macabras (o traviesas, según se mire), Enrique Domínguez Millán nació en Cuenca un 26 de abril y ha ido a morir en Madrid un 29 de este mes, recién cumplidos los 94 años. Una vida larga, fecunda, variada, activa, viajera, que da argumentos suficientes para escribir una biografía sumamente detallada pero que en el trace de la despedida basta con unos ligeros apuntes, unas ráfagas que puedan marcar esa trayectoria en la que es mejor subrayar otros aspectos. Estudiante de Magisterio en Cuenca, de Periodismo en Madrid, redactor y locutor en Radio Nacional de España (donde desempeñó la mayor parte de su actividad profesional), inventor del Bachillerato Radiofónico y de Cesta y Puntos en TVE, premio Antena de Oro, premio Ondas… ¿para qué seguir por ese camino jalonado de hechos fecundos y felices?

Periodista en ejercicio permanente y poeta de firmísima vocación aunque, curiosamente, solo al final de su vida, ya jubilado, publicó libros de este género, hasta entonces cultivado en revistas, recitales y conferencias. Dotado de una voz profunda, bien modulada, al estilo de los locutores antiguos que sabían pronunciar todas las letras, hizo de su voz también un elemento expresivo de primer nivel. Como conferenciante, miembro de tertulias literarias, pregonero en fiestas y Semana Santa, sabía cómo estructurar el discurso, combinar las frases, entonar la melodía de las palabras para llegar, sabiamente, a donde quería ir.

En esa trayectoria de intereses universales, que desarrolló de manera efectiva como viajero del mundo, con cientos de artículos y reportajes de los sitios más insólitos, hubo siempre, sin excepciones, un lugar de privilegio para este lugar llamado Cuenca, sobre la que empezó a escribir cuando aún era un joven estudiante y no ha dejado de hacerlo prácticamente hasta el final, como saben muy bien los lectores de este periódico, que ha sido su última tribuna periodística. Fundador de la Real Academia Conquense de Artes y Letras, de la que fue presidente, el casco antiguo de Cuenca pierde a uno de sus vecinos más fieles y a uno de sus defensores más constantes, dentro de unas exigentes posiciones críticas hacia lo que tantas veces se contempla con disgusto.

Imposible decir adiós a Enrique Domínguez Millán sin recordar a su mujer, Acacia Uceta, porque ambos formaron una de esas parejas indisolubles que animan a creer que el mundo es menos antipático de lo que tantas veces parece. Siempre amables, cordiales, comunicativos, dispuestos a colaborar y abiertos a recibir las palabras y los pensamientos de los demás. Ley de vida es el morir, dirán los filósofos, pero en ocasiones es muy duro dejar constancia de que tal cosa, efectivamente, tiene que ocurrir. Desde ese sentimiento, inesperado siempre, podemos decir adiós a quien fue, sencillamente, una buena persona.

 



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