TERCERA SALIDA

Jesús Fuero


Melchor Cano y la soberbia

28/12/2020

El soberbio es un señor ahajado que trata mal a España, y como en España hay mujeres podemos decir que ellas son ahajadas por el soberbio. Aunque quien mejor lo definía fue nuestro ilustre paisano y gran humanista llamado Melchor Cano: «La soberbia es apetito desordenado de la propia excelencia, y en los hombres se llama ambición, en las alabanzas y gloria de los hombres se dice vanagloria, en la excesiva confianza de sí mismo se llama presunción, en las palabras grandiosas solemos llamar jactancia, en el contentamiento de sí mismo tiene por nombre vanidad y ufanía…». Pero continua, la soberbia es «principio de todos los pecados y enemiga capital de Dios». Es el vicio más difícil de vencer, «no es fácil reportarle a este vicio la victoria, porque cada uno de los otros tiene su virtud contraria, más la soberbia hace guerra juntamente a todas las virtudes». Y es que el soberbio es «rebelde contra Dios», y todos ellos «contrarios al árbol de la vida que es Cristo, el cual, por dar eterna confusión a la soberbia, quiso nacer, vivir y morir humilde y manso, eligiendo todo aquello que el soberbio huye, y despreciando todo aquello que el soberbio estima; donde se manifiesta ser aqueste vicio tan errado cuanto Jesucristo acertado». Y esto último lo recojo porque es Navidad el «día natal del sol invicto» que dirían los romanos y que se cristianizó, y por eso estamos de fiesta, o intentándolo. Antonio Rey Hazas en De los remedios contra la soberbia, refiriéndose al Lazarillo: «¡Oh qué vano sería el escudero que anduviese hinchado, haciendo alarde con el caballo y armas que le prestaron!». Creo que mis sabios lectores esto lo entienden bien y saben mejor que yo lo que habría que decir a continuación. Aunque doy una pista, en vez de caballo pongan falcón.
Dijo Melchor Cano que «ninguno de los vicios es ni bueno ni pésimo en sumo grado, salvo en discurso de tiempo» y a mí me parece que algunos de nuestros próceres ya lleva mucho tiempo en el cargo, o largo a mí se me hace. ¡Ahí lo dejo! A más tiempo más vicio, que cuando le cogen algunos el gustirrinín al sillón y al micrófono, se les olvida que es prestado y no lo quieren devolver hasta que no ganen lo suficiente para tener otro en otro reservado. Lo de ganar es un decir, que ya lo dicen otros por mí, pero no lo escucho donde se supone que se tiene que decir. Esto es amonestable, palabras soeces. Sofaldar o no socapar es lo que hace falta. Lo primero vale para la Eufrasia del vice y lo segundo para la Eufrosina del primero. Pero como es Navidad no hablare mal de nadie, que este artículo, aunque donoso, conduce al humilladero. La maldición de la simonía de San Pedro fue más contra el dinero que contra la persona, que algunos por más rentas que tengan no se libraran de la palabrota de San Pedro.
Es Navidad, y los niños sueñan con paisajes blancos, con los ribetes blancos del rey mago. Yo con que desaparezca la soberbia a la que se refería Garcilaso, de «la soberbia puerta / de los grandes señores» estos que me da el olfato que a día de hoy van ensoberbecidos, arrogantes cual Titanic por el mar océano patrio, la patria helada y ellos de crucero clandestino, abandonados a la lujuria en estos tiempos de epifanía y de pandemia. Mientras unos españoles pasean por la crujía otros reman para no hundirse y morir ahogados.