NUEVO SURCO

Javier López


PSOE: el norte está a la izquierda

José Luis Ábalos, una de las  referencias claras que el actual gobierno tiene del PSOE con sentido de Estado que muchos añoran al no abundar en el entramado de Pedro Sánchez, se ha comido el marrón y nos ha proporcionado, con el incidente, una poderosa metáfora. El avión en el que viajaba Delcy Rodríguez, la vicepresidenta venezolana vetada en el espacio europeo, lo ha vuelto a poner de manifiesto: el PSOE que Sánchez quiere moldear a la medida de sus ambiciones de poder está tentado por el populismo neoizquierdista, o supuestamente izquierdista, para iniciar un viaje incierto a través de los erráticos rumbos sin norte preciso del populismo y el acompañamiento siempre interesado, en business class, del independentismo, casposo y reaccionario, insolidario y retrogrado. Entonces el PSOE, referencia histórica de la izquierda democrática española, con fuste y sin histerias, perdería su norte, como empiezan a temer algunos miembros destacados del partido donde la alarma cunde. La encrucijada está ya sobre la mesa: o seguir siendo la referencia de una izquierda democrática o el desnortamiento total al albur de las conveniencias del momento.
Porque tan dudoso es que Pablo Iglesias, amamantado en el bolivarianismo, se haya convertido a la izquierda democrática europea como evidente es que el independentismo es lo más reaccionario que existe hoy en el panorama político español. Oriol Junqueras, al que se quiere librar de la prisión a toda costa, siempre fue un fanático capaz de verter lágrimas por la independencia de Cataluña que él ya veía al alcance de la mano. Lo vimos. Hoy influye en la sala de máquinas monclovita , con su objetivo máximo intacto, y condiciona las decisiones de nuestro presidente. Es evidente.
De manera que el avión de Delcy Rodríguez, con la vicepresidenta de la Venezuela chavista dentro y reclamando la presencia allí del José Luis Ábalos, es como la gran tentación para la desnaturalización total del PSOE, para disgusto completo de buena parte del Comité Federal y de unos cuantos millones de españoles. Y Ábalos  acudió a la cita ya entrada la noche. Aún no sabemos muy bien el motivo, ni el modo ni la forma, pero Barajas se convirtió en aquel momento en una trampa descomunal. Madrid, por otra parte, esperaba ya la presencia en la Puerta del Sol de Juan Guaidó, convertido por todos los partidos de las derechas en el símbolo perfecto con el que marcar posición y sacar pecho en el kilómetro cero de la capital de España.
José Luis Ábalos entró en el avión y la armó. Felipe González, uno de los más respetados antichavistas en la comunidad internacional, reiteró su posición al tiempo que los chavistas se agarraron a Zapatero como a un clavo ardiendo, volviendo a poner de manifiesto que las dos almas del PSOE se proyectan hoy en Venezuela con un furor fuera de lo común. Las dos almas del PSOE a las que Pedro Sánchez está poniendo de nuevo al rojo vivo haciendo otra vez un ‘donde dije digo, digo Diego’ en uno de los mayores ejercicios de malabarismo político que se recuerdan en la España democrática, impulsadas las increíbles contorsiones por Iván Redondo, y colocando en vilo a más de medio PSOE. Contorsiones que le llevaron a decir a Pablo Iglesias en el verano de 2019, durante la primera intentona de ser investido tras las elecciones de abril: «usted y yo no nos podemos entender porque pertenecemos a tradiciones de la izquierda muy diferentes».  Sánchez, entonces, reivindicaba el PSOE de los grandes servicios y el sentido de Estado. Le convenía. Claro que en la intentona definitiva, hace unos días, con el roscón de reyes y su sorpresa en todas las mesas, proclamó la conveniencia absoluta de la ‘coalición progresista’, con Podemos, y la palmas complacientes e interesadas de ERC y EH Bildu. Entonces afirmó: «Todos formamos parte de la gran familia progresista». Y ya está.
Fue en ese momento cuando un orondo Pablo Iglesias accedió a una vicepresidencia, y ocupó su puesto, que viene a ser como una suerte de controlador aéreo en un espacio liquido de geometría variable. Allí es donde aterrizó Delcy Rodríguez con su avión chavista a todo trapo reclamando la presencia inmediata de José Luis Ábalos, que fue y entró. Lo que ha venido después, carne de tertulias y chirigotas varias, han sido los restos del marrón, uno de los primeros de una coalición progresista con Pablo Iglesias controlando el espacio aéreo, que para eso ha pagado y ha votado la problemática investidura.



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